
...que era una suerte haber conocido a un chico lindo, "de su casa", decente, chic y que se haya enamorado de mi con solo verme, con haber hablado conmigo 2 que 3 palabras. Pensaba que era una suerte que se fijara en mi que soy loca y boba y fea. Pensaba que seriamos muy felices, que era la primera vez en la vida que yo no había tenido que hacer nada, que no había tenido que ganarme el amor de alguien a puro punche. Pensaba todos esas cosas que no eran verdad.
Pensaba que entre el mar de gente nos habíamos escogido a nosotros, nos habíamos hecho de códigos, nos habíamos conocido totalmente.
Pensaba que bastaba con haberlo invitado a mi mundo, con no haber mirado a nadie porque no me interesaba, con haber dormido en nuestras camas, con haberle armado la maleta para los viajes, con haber lavado sus calzoncillos sucios.
Pensaba que todo era perfecto, que las llamadas de todos los días, que las pruebas en las cosas feas, que los lugares favoritos para ir a comer, que el hotel de cada semana, que los fines de semana con nuestras familias, que los sueños, contaban en algo. Que los días que nos cuidamos cuando estabamos enfermos, que las navidades, los sobrinos, los paseos, los regalos, no eran por gusto. Pero todo era una vida de mentira. En algún momento no me quisite nada o no me respetaste nada para irte por allí con alguien más. Ojalá me hubieras dejado, ojalá no hubieras sido tan bueno, ojalá la rabia le gane a la nostalgia, ojalá aunque sea hubieras venido y te hubieras disculpado para demostrarme así que me querías un poquito, que esas cosas que contruimos no fueron mentira, que tu eras un gran pendejo pero que aún así me amabas. Pero eso no importa ahora tu palabra no vale ni un chancay de a 20, mi corazón está rajado y cada vez confío menos en el género humano.
Esto no se puede reconstruir, no hay manera, es imposible y aunque quiera no te puedo ver y hablar sin recordar todo la cochinada que estaba bajo la alfombra de nuestra casita imaginaria.
Una parte de mi quisiera verte, abrazarte, porque piensa que estás sufriendo un poco. La parte de mi que quería agarrarte a palasos ya no está. Otra parte teme que nisiquiera estés sufriendo, que nisiquiera te duela un poco y ahora vayas a nuestros lugares y uses esas que yo creía que eran las palabras que habías inventado para mi para alguien más, pero que podría esperar lo hiciste mientras estabas conmigo, qué cosas no podrías hacer ahora. No espero nada de ti. Aunque a veces imagino que estás en la puerta de mi trabajo, en el sótano luego de bajar las escaleras, en la reja de la entrada de mi casa, en una cartita dejaba en mi buzón, en el teléfono celular, en los e-mails, en el teléfono de mi chamba, pero luego me doy cuenta que no estás ni estarás en ninguno de esos lugares, que tu no eres como yo, que no harías nada para recuperar al amor perdida porque "tiene verguenza" (porque no tienes los huevos) o por -lo que me duele más-: no te interesa demasiado (aunque una parte de mi aún cree que te interesa). Pero es mejor así, me queda la frasesita católica ("Dios sabe porque hace las cosas"), que creo que tiene razón en este tiempo. Las cosas podrían haber sido peores, pudiera haber descubierto que eras un mentiroso patológico con dos meses de embarazo y luego de una boda de ensueño y pude haberme convertido en portada del Trome y protagonista de esas noticias policiales que tanto me gustan.
Chau, chico lindo, fuiste un poquito malo conmigo y por eso me da pena no poderme quedar con todas esas cosas buenas que yo creía tan perfecta. (Ahora solo debo olvidar). Chau, a tu casa, a tu familia linda, a tu cama de dos plazas, a los almuerzos interminables y a todas nuestras cositas tan nuestros. Chau, al futuro y a nuestros sueños.
Yo pensaba tantas cosassssssssss, tantasssssssssssssssssssssss, ahora solo debo cambiar de pensamientos.