Me gustó salir contigo

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.
Hoy es mi cuarto día con antidepresivos, es cierto que no me los han mandado para la mente, no sé si podría volver a la escena de la galletita y el recetario médico y el psquiatra de la tele diciendo: "con esto te vas a sentir mejor". En todo caso no me las ha mandado mi psicólogo (que no puede recetar y lo hubiera tenido que hacer derivandome con alguno de sus amigos psiquiatras). No me los han dado para ser más feliz ni para dormir mejor ni para la bulimia nerviosa ni para el síndrome de Tourette ni para el TOC (que dice la posología que para eso es el "buen amigo Prozac"). Me lo han dado para dolores del cuerpo. Me los ha dado una ginecóloga que apelando a un moderno tratamiento me ha dicho que con esas pastillas de la mente (que también sanan el cuerpo) dejaré de sufrir dolores de parto cada mes cuando paradójicamente no este embarazada sino todo lo contrario.
Yo quería sacarte pica, molestarte, decirte algo que te fastidie un poco, que me haga sentir que te he ganado un poco, solo para sentirme un poco ganadora y feliz, con esa felicidad malsana cuando sabes que friegas un poquito, solo un poquito, a alguien que se lo merece. Pero me equivoqué (de nuevo) porque tú no eres yo y a ti no te molestan las mismas cosas que a mi, a ti nunca te molesta nada, absolutamente nada. Yo creo que tú piensas que yo no soy capaz de lastimarte, de actuar mal, de hacer una gran cagadón, algo horrible. ...Aunque quizá ya no lo sea, quizá haya cambiado, quizá yo ya no pueda ser jugadora con ventaja y alevosía, quizá yo ya no pueda jugar a ser mala, quizá ya no puedo actuar a lo loco. Porque ya no tengo 20 años y he cambiado, quizá sí sea verdad que he cambiado, y quizá eso no este mal... Igual no deja de ser divertido pensar que voy a hacerte algo horrible, que ahora por haberme molestado voy a acostarme con tu mejor amigo o te voy a decir cosas horribles torturándote sistemáticamente. Finalmente si hiciera todas esas cosas para nada serviría mi inversión: mi inversión en mí misma, mis largas convesrrsaciones con Miguel, la nueva imagen que tengo de mí que me da derecho -ahora sí y sin conchudez- a reclamar lo mismo que yo puedo dar.