viernes, 27 de julio de 2007
domingo, 22 de julio de 2007
Una mujer cliché

Así que hace dos días terminé siendo de esas mujercitas de las que siempre me burlo. Qué lata! Qué lataza! Aunque todo cambiara solo por un momento cuando llegaste me subiste a tu carro nuevo, me compraste una canchota, unos chocolates y me pusiste la mano detrás de la espalda al entrar a la sala de cine como si fueras mi hombre aunque sea por esos cinco minutos y yo me haya regresado a mi casa sabiendo que aunque tenga que esperarte un rato valdrá la pena si la próxima vez me animo a no voltear la cara y dejar que el besito que siempre me has dado en la mejilla muy correctamente se corra hacia mi lunar más oscuro. Pero nada de eso me quita las ganas -y la verguenza- de sentirme una mujer tan cliché ahora y tal vez hasta mañana, aunque todo haya ocurrido hace dos dias y ya estemos casi lunes.
miércoles, 11 de julio de 2007
Me gusta estar abajo ((El maldito dilema de las relaciones de poder))

El caso es que hoy leía el blog de Onira y me acordé de mi querido profesor; así, sin nombre, porque ha habido muchos queridos profesores en mi vida. Muchos profesores y también muchos “maestros”.
Pero tengo una manía, es verdad, y la he tenido siempre, SOY ADICTA A LAS RELACIONES DE PODER. Siempre es el profesor mayor que yo que tiene una inteligencia devastadora o el maestro joven que celebra mis chistes o el que me daba clases particulares de japonés (que era viejo y feo, peo un gran sensei) o el trainer del gimnasio. Sí, me gustan los hombres que me avasallen, que me castren un poco, que estén arriba de mí, a los que pueda mirar para arriba. Tomé plena conciencia de esto cuando me sorprendí mirando a mi jefe con ojos livinidosos, imaginándome la forma y el color de su tatuaje secreto, recordando su manera delicada y fuerte de palmearme el hombre cuando le entregaba un trabajo, cuando borracho en la fiesta de Navidad bailamos una salsa que hasta ahora no me deja dormir tranquila. Allí me di cuenta que estaba jodida, me gustan “mis mayores”. Mi jefe no es especialmente guapo ni interesante ni atractivo, pero es mi jefe y eso me excita y eso basta para que yo sucumba a este maldito círculo vicioso.
Pero también me pasa al revés. También es mi nuevo practicante, ese chiquito tímido, recién salidito de la universidad, menos que yo, con su carita de ángel diabólico, que me dice señorita (aunque le he dicho mil veces que me tutee) y que me mira las piernas con mucho disimulo y me prepara café con devoción. Y nada hay más rico que mirar a mi niño con autosuficiencia y coquetearle cuando me entrega la taza de café y pasarle la mano por el cabellito y decirle: “Nene, qué lindo te ves” y él tímido mirándome debajo de sus lentes y diciendo: “Grashiasss” o nada hay más excitante que en una reunión de la compañía llegue él, canchero, con su ropita nueva y me traiga un trago, se siente a mi lado y me diga: “Aquí sí te voy a tutear, qué linda has venido hoy día”. O sino es el compañero nerd, guapo pero retraído, casi un diamante en bruto, al que le costó tanto invitarme a salir. Y al que es graciosísimo poner nervioso cuando me le acerco un poquito más o cuando lo peino o cuando lo tomo del brazo para caminar en la calle. Me gusta estar arriba también. Me gusta y me seduce que mi poder guste y seduzca a la gente. Qué se le va a hacer, “los que ahora están arriba, mañana estarán abajo”.