
Todas están haciendo eso. Yo soy la única que no. O al menos soy una de las pocas que no. Todas hacen malabares y planean cosas serias con su vida. Todas son unas mujercitas perfectas que no andan obsesionadas con el sexo... unas perfectas señoritas. Yo creo que a veces soy demasiado hombre o demasiado mujercita tal vez... "Yo también quiero", me digo. Como quien pide el mismo postrecito de San Antonio. A veces pienso que yo también quiero comerme ese pastel, es más que quiero comérmelo ahora y pasar por un largo proceso de digestión. A veces me aterra, como si fuera una dulcefóbica y me da inapetencia de días, de semanas, de meses. A veces, solo a veces, quiero ponerme en una máquina de correr; a veces más bien quiero parar la marcha y ser feliz sin preocupaciones. Entonces es domingo en la mañana y mis amigas de café están ocupadas en la vida super perfecta de una super mujer ejecutiva-amante esposa-genial madre-inigualable ama de casa y yo no solo quiero levantarme de la cama para comprar un par de zapatos, una cartera de cuero rojo o algo que me levante el ánimo de domingo en la mañana y de ser una ciudadana tercerminunista-guapa pero no demasiado- inteligente pero no demasiado- amable pero no demasiado-que a veces quisiera ser una super woman, una wonder woman con las mañana de domingo ocupadas. Y busco el directorio y me doy cuenta de nuevo que todas están haciendo eso, que pronto yo voy a ser la única que tenga siempre las mañanas de domingo libres y tal vez algunas noches de viernes o sábado y entonces empieza mi complejo de "corredora" y quiero correr y correr y correr. Luego me miro en perspectiva y recuerdo que nunca me ha gustado cocinar, que detesto poner la mesa, que no me baño los domingos (y a veces tampoco algunos lunes, para que voy a mentir), que cada vez quiero menos preocuparme por alguien (aunque no pueda dejar de hacerlo), que los sonidos agudos me dan migraña, que he empezado a usar zapatillas, que me da miedo llamar a las cosas por su nombre, y me pongo a pensar que cuándo aprenderé todas esas cosas que no quiero aprender ahora (pero que según mi madre, debería).
Y sigo pensando en la torta, en esa torta de chocolate, con doble fudge, que no me voy a comer (por riesgo a coma diabético), aunque a veces quisiera, para que mentir.