
Hablaba con mi prima Tarcila hace un rato.
Versión chat de AOL, acorta distancias Lima-NYC.
Sand: Me gustan dos chikos, dos Césares.
Tark: ¿Y que te gusta de ellos?
Sand: Bueno, uno es César y el otro es Cesitar. César es simpático, un catedrático interesante. Se viste delicioso y tiene una mirada Banderas. Cesitar es gracioso, encantador, como un pandillero intelectual de una mara pituca. Super capo en su área e irónico como mi Dr. House.
Tark: Mmmmm, interesante. Y, ¿cuál te gustas más?.
Sand: Uno es así como me gustan los chicos en la cabeza y el otro es así como me gustan los chicos en la realidad.
Tark: Osea uno es más cabeza y el otro más cara.
Sand: Jajaja. Asu que buinaaaaaaaaaaaaaa. No, no va por allí.
Tark: ¿Tons?
Sand: Weno, César es como me gustan los chicos en la cabeza, como los sueño. Un catedrático guapo, inteligente, con un carro lindo, con unos lentes que le dan el aire del intelectual que es. Con una mirada matadora -y ponedora- y con un porte de hombre que haría que cualquiera escribiera un post sobre él. Y Cesitar es como me gustan los chicos en la realidad-real, allí donde mi cabeza no manda y los ojos y las hormonas se imponen. No es feo, tampoco. No es para nada tonto. Tiene una Inteligencia-La maga mezclada con la ironía de House y la torpeza tierna del Dr. Wilson. Es así, como te dije, un pandillero de una mara pituca, un Gael García en la película del Che luego de haber caminado por la Selva miles de días y con una moto maltrecha. ¿Qué voy a hacer, Tarcila?
Tark: Ay, Sandrita, ¿qué va a pasar contigo y con tus dos césares?
Sand: Nada bueno supongo, así es como acaban mis historias.
Tark: No, querida, así es como empiezan.