Having a crush

Cuando me gusta un hombre me siento presa de su ojo invisible. Cuando me despido de él lo miro fíjamente a los ojos y luego veo como se aleja y dejo que mi mirada le queme la espalda. Entonces me volteo sin darle mayor importancia y siento que su ojo invisible está allí y cada parte de mi cuerpo lo siente también.
Cuando me gusta un hombre lo toco como jugando, como si fuera mi hermanito menor, mi amiguito de toda la vida; y coqueteo con sus amigos y me rio y siento como su ojo invisible me devora, me condena, me azuza. Cuando me gusta un hombre me vuelvo más torpe y más gentil. Y es como si su ojo invisible me santificara un poco, me volviera bailarina de cabaret, me obligara a tomar gaseosas dietéticas.
Cuando me gusta un hombre y está a mi ladoderramo las bebidas cabonatadas en mi ropa y luego me limpio con gracia, me rio, le guiño los dos ojos, me sonrojo, me vuelvo a reir y luego me doy vuelta, mientras su ojo invisible me ve con la seguridad de que no soy una histérica.
Y solo en la noche y solo en mi cama puedo renegar por la mancha en mi ropa y descansar tranquila de tanta paranoia.