
He buscado a Will de nuevo. Creo que nunca dejaré de buscar a Will en lo que me quede de vida en toda la red, en los Hi5, facebook y en cuanta página aparezca en Internet. Sí, buscar a Will es una maldita obsesión. Ya me veo escondiéndome en el baño cuando lleguen las guías telefónicas del año 2020 para buscar su nombre y ver su teléfono y recitar despacito cada uno de los dígitos mientras repito las letras de su nombre como en un mantra, mientras afuera los niños corren y la comida se quema. Pero hoy no solo he encontrado a Will (siempre termino encontrando a Will) sino a la hermana de Will. A mi queridísima hermana de esa otra vida perfecta que iba a tener. Y la he visto, después de tantos años: rechoncha y sonriente con el cabello lacio y rubio cayéndole por los hombros. Ya no era la chiquilla que me peinaba y me volvía a peinar mientras esperabamos que Will termine su lección de piano. Ya no era esa jovencita de rulos locos y libres. Ahora es una cristiana casada y con tres hijas, con un esposo que no tiene ni la mitad de la pinta de los novios-Bosé que le conocí cuando tenía mi edad, cuando coleccionaba anillos de compromiso como chapitas de gaseosa y plantaba matrimonios como salidas al cine. Cuando yo era la princesita de su hermano y ella nos llevaba a comer helados y decía: “De chocolate para mi hermanita”, mientras me llevaba de la mano y me decía: “Cuando me case con Marco –moviendo el dedo que le pesaba horrores por la roca de su anillo- tu vas a ser la madrina de mi hija” Pero ella nunca se casó con Marco y yo nunca me casé con Will y ahora no puedo más que abrir el facebook y ver sus fotos sonriente y rechoncha, con el cabello corto y lacio, con unos lentes grandes de mamá gallina, rodeada de sus hijas chiquitas y hermosas con el mismo brillo en los ojos que tenía ella.
Ahora la hermana de Will sigue siendo hermosa (pero -aunque para mi siempre lo sea- ya no es la chica de mis recuerdos) y yo sigo queriendo ser como ella y a veces sigo querido pasar por la casa de Will esperando encontrármela en el sillón leyendo sus libros, escuchando los
Palillos chinos de Will desde lejos o
Pompa y circunstancia, tal vez, y alcanzarle el cepillo para que me escarmene el cabello y pensar que aún sigo siendo su princesita y que seré la madrina de su primera hija y que me casaré con mi primer amor.