En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

miércoles, 29 de julio de 2015

He decidido ser feliz, voy a escribirlo aquí para no olvidarlo

jueves, 2 de julio de 2015

Siempre me he llevado bien con los chicos...

de hecho mejor que con las mujeres. Tengo pocas amigas mujeres, las adoro, no las veo mucho, pero las adoro. Sin embargo, tengo más amigos hombres. Siempre he tenido debilidad por los hombres y ellos por mi. Son tan fáciles... No se hacen problemas, son intrépidos, acceden a tus caprichos, van a donde les pidas. Son buenos. Puedo decir fervientemente que mis amigos me aman. Mis amigas me quieren. Me necesitan de vez en cuando, peor mis amigos hombres me buscan, me apapachan, me engríen, me sacan a pasear en citas de amor tan perfectas que jamás podré tener con ningún novio. Tengo debilidad por los chicos. Les sonríes y ellos se achinan. Te portas barrio y ellos te tratan como un huevón más (¡cuántas veces he tenido que decirles a mis amigos: oye soy mujer!). Te los puedes hacer y ellos acceden. Te quieren hacer y tú atracas. Cosas de amigos... Es muy burdo lo que digo, lo sé, pero mi relación con algunos amigos hombres es así, burda, groseramente hermosa, antiposes, cero maquillajes, zapatillas, cabello revuelto o en pijama. No me detengo a pensar en esas cosas en que sí pensamos las mujeres cuando nos vamos a ver: ¿qué ropa me puse la última vez que las vi?, no quiero que se enteren que Fulanito me engaña de nuevo, tengo roche de que me vean gorda. Con mi amigos hombres como si las huevas. Yo me relajo, me permito decir más lisuras, me permito rajar de mis envidias, me libero, y a cambio mis amigos hombres me acogen, me abrazan, me tratan de guapa (aunque no lo este), me dan su posición, me tratan sin cuidado, me invitan una chela.
Siempre le he caído mejor a los hombres que a las mujeres, soy rompe tabús, pero también medio mojigata, soy alpinchista, pero no tanto, me gusta beber, pero lo suficiente para ser yo la que carga a los borrachos. Soy muy ruidosa, muy cabello al viento, soy una mujer que no se seca el cabello jamás luego de salir de la ducha. Eso a algunas chicas no les gusta. Me río fuerte, muy fuerte. Hablo en las pelis, A veces dejo la tapa del baño arriba. Algunos domingos no me baño. Si tengo que encontrarme con alguien en un bar y no ha llegado me siento y me tomo una chela sola hasta que lleguen mis acompañantes. No me complico (o mejor dicho me complico mucho más en otro tipo de cosas). Mis amigos hombres tampoco se complican o lo hacen con otras huevadas. Me es fácil ser encantadora con los chicos, por eso tengo muchos amigos. Me es fácil coquetearles un poco, sonreírles, jugar con ellos. Me gustan los chicos. Creo que tengo un encanto con ellos y ellos conmigo.

martes, 9 de junio de 2015

Hay días...

...en que quisiera haberme casado y tener muchos hijos, bueno, al menos uno o dos. A veces me canso de ser tía. Sobre todo cuando veo a los hijos de mis amigas, a mis sobrinos carnales, a madres y niños hermosos, con ligera envidia. Me canso de ser tía, quisiera tener los míos propios, quisiera poder vestirlos y peinarlos a mi antojo. Prepararles fiestas, loncheras, inscribirlos en cursos, llevarlo al colegio. Aveces me canso de no haber tomado decisiones diferentes a las que tomé. A veces me canso de no tomar acción en mi propia vida. A veces me canso de dejar que todos decidan por mi. Hoy es uno de esos días.

miércoles, 3 de junio de 2015

Nunca pude tener tu corazón

La única idea que me queda de todos esos años juntos es que nunca pude llegar a ti. Mira, incluso en esos términos y en esta época, cuando yo soy ya una mujer hecha y derecha, con su vida, con sus caminos, con sus cosas..., sigo diciéndolo como si hubiera sido mi culpa, como si yo hubiera tenido que encontrar una fórmula mágica que me hubiera permitido llegar a tu corazón. No existen fórmulas mágicas para eso. La confianza es algo que se construye poco a poco, cuando alguien te deja entrar y te deja ver sus oscuridades y sus cosas hermosas: todo junto, paquete completo. Tú nunca me mostraste nada de ti. No te lo reprocho. Yo también fui bastante esquiva, en apariencia me dejaba ver, me dejaba hacer, pero en realidad hay tanto que no supiste de mí: de mi amor hiperbólico y estúpido por ti, de mi dolor, de mis miedos, de mis búsquedas, de mis desencuentros y sobre todo de mis inseguridades. No nos conocemos, aunque aparentemente podamos leernos tantas cosas. Ocultarnos fue un arte que construimos en todos esos años.

Ahora comprendo que yo no debía llegar a tu corazón, que no debía hacer nada para conseguirlo, que era inútil haberlo intentado tanto. Tú tenías que habérmelo dado voluntariamente, como cuando me ofrecías tu casaca cuando tenía frío. Tenías que haber deseado poner tu corazón en mis manos y dejarte hacer, bueno y dócil, sin ocultarte tanto detrás de aparentes misterios. No era mi misión conseguir tu corazón (y tu amor). No fracasé por no haber podido llegar a ti. Era un camino que no debía haber emprendido. Era, se suponía, un camino que estábamos haciendo juntos y en el cual, en algún momento, ese viaje terminaría siempre con nosotros reconociéndonos. Pero no fue así. Nos jugamos sucio. Fui terca y obstinada.

Ahora sé que no tenía que ganarme tu corazón, que no había nada que yo pudiera hacer para llegar a ti, tú tenías que haberlo querido, tenías que haberme dejado la puerta abierta, sin eso todo estaba perdido desde el primer momento. Todo nació perdido. Pero eso no importa ahora, solo que hay cosas que no puedo dejar de recordar, recordar es el mejor ejercicio para no olvidar esas lecciones que te ayudan a tener el corazón abrigado, contento, tranquilo y a buen recaudo. Yo necesito hacerlo de cuando en cuando.

jueves, 7 de mayo de 2015

Días en el trabajo

Hay días en que uno siente que su trabajo es una mierda, que no tiene sentido invertir tanto tiempo, poner tanto punche en las cosas, tanta fe en las personas. Hay días en que te sientes totalmente frustrado respecto a lo que escogiste hacer y te sientes malo en lo que haces. Pero también hay otros días, como hoy, en que sientes que todo sirve para algo, que vale tu esfuerzo (y mucho). Hay días en que sientes que puedes iluminar la vida de la gente y que ellos también te pueden iluminar la vida a ti. Te sientes útil (muy útil), te sientes contento de saber que no importa el cansancio, la falta de sueño, el poco tiempo para almorzar (no almorzar), las carreras para llegar de un lugar a otro, porque tú haces un buen trabajo y tu trabajo repercute en la vida de las personas. Creo que nunca he tenido esta sensación tan directamente. Es como tener un blog: la retroalimentación es inmediata.
Todo te pasa en el trabajo: vives y mueres allí (sobre todo los workaholic) y aunque hay días malos (semanas malas; a veces, un mes malo), afortunadamente también hay días como hoy: en que sientes que lo haces todo muy bien, en que lo que haces sirve para algo; de hecho, no solo lo sientes, lo ves; y esos días son los mejores y felizmente de los que más hay.