En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser muy reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una prisión transparente.

lunes 13 de julio de 2009

Parchándome

Hoy estoy un poco más tranquila. Me he pasado varios días llorándole a mis amigos y hablándoles de mi miedo al cambio. Hablar con ellos me ha servido mucho.
En esta semana he cambiado unos miedos por otros, me he descubierto (en el sentido de destapado y también en el de quitarme un poco de caretas, para mí misma sobre todo).
Sin duda me siento mucho mejor, más animada, con más ganas. Creo que no me va a estar permitido deprimirme en estos días. Trataré de concentrar toda mi energía en eso.
Me he dado cuenta también que tengo miedo a cosas para las que pensé que estaba lista. Yo siempre he tenido una política: "No puedo exigir algo que yo no puedo dar primero". Sin embargo a veces quiero tantas cosas y soy tan poco capaz de plantearlas. Creo que no es el momento para mí para decir muchas cosas. En realidad no quiero presionarme. Creo que mi principal tarea ahora será ser lo que yo por momento necesito: un apoyo, una salvavidas en un naufragio, un mano o un dedo menique o lo que sea que pueda ser de ayuda. Mi segunda tarea será no dejar que mi hiperactiva memoria me traicione y me juegue en contra. Que mi semiosis infinita me lleve a hacer asociaciones que no vienen al caso. A veces me es tan difícil decir: "ya lo pasado, pasado". Quisiera encontrar un método para aprender a olvidar lo que me ha lastimado o por lo menos a hacerlo más llevadero.
Hoy me siento mejor, creo que no necesito ningún cigarro, creo que la ansiedad no me vencerá y que no necesitaré una pastilla para dormir. Creo que trataré de estar tranquila nada más e intentaré no desesperarme por un futuro inmediato que no tienen porque ser caótico.

jueves 9 de julio de 2009

Hoy voy a hablarte de él …

...ha sido difícil animarme. En realidad siempre he querido que pienses que soy una linda princesita. Que todos me han querido igual que tú o más. Que nunca he sufrido o quizá que siempre la mala he sido yo. Además hablarte de él es hablarte de una yo que me tortura a veces.
Creo que he sabido camuflar muchas cosas. Creo que ya te estás dando cuenta de otras.
Yo estuve locamente enamorada de un hombre, loca, loquísima, demente, orate, medio Abencia Meza, a un paso del manicomio, a varias sesiones con el psicoanalista.
Yo caminaba por las calles con una cajetilla de cigarros y llorando locamente esperando que él se digne llegar a buscarme.Porque siempre llegaba tarde y a mí me angustiaba cada minuto.
Yo siempre creía que cuando él me decía que no me amaba mentía, tenía miedo o alguna otra cosa parecida.
Yo empecé a llorar, como nunva lo había hecho antes en mi vida. A llorar cuando discutía, a llorar cuando quería inclinar las cosas a mi favor, a llorar cuando me maltrataban, a llorar cuando estaba triste, a llorar cuando me hablaban feo, a llorar porque no podía darme media vuelta e irme.
Yo empecé a rogar, a inventar tretas sucias para que se quede a mi lado, aceptar que me diga: “oye muchachita, ya no me ruegues, no tienes dignidad”. Y es que no la tenía, querido.
Yo empecé a perdonar coqueteos, apagadas de celular, desapariciones extrañas. Nisiquiera las perdonaba las aceptaba nomás y armaba broncas que al final siempre terminaban siendo grandes peleas conmigo misma.
Yo dejé que me dijeran cosas horribles y simplemente me quedé parada allí escuchando, a veces también lanzando puñales. (Bueno, yo también tengo mis fichas y mis culpabilidades en todo esto, pero estoy hablando de él).
Yo interpretaba las cosas a como me favorecían.
Tiré cachetadas, patalee, lloré, me desmayé.
Claro, no todo era un infierno, mi alma de masoquista no era tan terrible. Buena parte del tiempo él era mi compañero, mi mejor amigo, mi pera de box y mi felpudo. (Supongo que era un buen pago por no amarme).
En todo ese tiempo yo escuché varias frases que aún no he podido olvidar. Esa, la típica, de “un hombre no se queda con la mujer que más quiere sino con la que menos jode” o la otra de “lo hago por ti, no quiero cambiarte” o la peor de todas de “eres la mejor mujer del mundo pero…”.
Andaba loca, cariño, yo sentía que era la mujer que no podía irse. Sentía que él era mi asesino y que yo estaba condenada a regresar muchas veces a ese lugar del crimen sin poder irme jamás. Yo pensaba en mi retorcida mente que él me amaba, que sí se casaría conmigo y que tendríamos hijitos y un perrito llamado Blackie y que todo sería perfecto. Yo pensaba que algún día yo dejaría de ser tan loca y ansiosa y celosa, que todo era producto de mis tonterías. Total yo me había peleado con mi familia, con mis amigos, con medio Lima, cada vez que escuchaba la frase de “ese hombre no te quiere”, “no es para ti”.
Cuando me dejó me di cuenta que de verdad no me amaba y fue un baldazo de agua fría, ¿puedes creer que soy tan tonta, amor? Claro que cuando pasó el tiempo me di cuenta que de mi obsesivo amor me quedaban solo la obsesión, la necesidad, el vacío.
Creo que por eso te jodo tanto, porque estoy loca, porque aún no me curo del todo y porque pienso que quizá no soy lo suficientemente linda, ni buena ni inteligente ni amable para que alguien como tú me quiera. Creo que por eso soy tan insegura, tan boba, tan celosa y tan egoísta. Por eso malinterpreto las cosas y tengo miedo y me quedo callada y hago bochinche y lloro sin razón, porque soy una tonta, porque a veces sí pienso que hay una conspiración contra mi.
Quería hablarte de él, que en realidad no es más que una manera de hablarte de mí, de cómo a veces al más mínimo error de las personas yo asocio cosas que no tienen nada que ver. De cómo aún tengo algunos huecos que no he podido parchar. Quería contarte no para justificarme, o quizá sí un poco, sino para que me entendieras. Todo delito, mi vida, como bien sabes, tiene un atenuante, y este es el mío, mi amor.

miércoles 8 de julio de 2009

Creo que no sé querer bien. Tal vez a veces para mí el amor sí se convierte en un balde lleno de huecos y sufro como una tonta.
Sé que yo enrarezco todo. Sé que cambio las cosas y las vuelvo complejas y que me hago problemas por nada. Pero es que en realidad soy una tonta, una cojuda mejor dicho. Me siento un poco frustrada conmigo misma. Siempre que creo que he crecido y madurado un poco hay algo que me hace darme cuenta que sigo siendo la misma idiota de siempre. Que no he dejado de ser una pisada y he permitido que los hombres se vuelvan el centro de mi vida. Y claro, de más está decir que nunca obtengo lo mismo. Me siento tan tonta, tan desamorada, tan frustrada. Pensé que ya no iba a volver a caerme, a ponerme cabe yo misma, a tropezar con la misma piedra, pero... Oops! ...I Did It Again. Supongo que todos mis novios han sabido ser más sanos y menos cojudos que yo. Supongo que por eso ninguno me entregó su vida. Han sido sabios, en algún momento de piconería yo les hubiera pisado el corazón sin asco, porque no soy buena, soy egoísta, demandante, celosa... Ese es mi CV, mi perfil profesional, mi carta de presentación. Y siempre termino diciendo que no soy mejor que eso, aunque mi novio lo crea, aunque mi amiga TOP intente decirme que sí. Quisiera equivocarme pero no soy y tampoco quiero ser mejor que esto. Al final te duele igual cuando las nubecitas se rompen, cuando las cosas sin garantía se van al tacho de la basura. Mejor me va ser una maldita perra. Ser una egoísta, hecharte toda la culpa por no poder pensar un poco en mí, por no ponerte a llorar porque las cosas cambian.
Tengo miedo, tengo mucho miedo de mí misma. Puedo ser un demonio, una mierda, una maniática compulsiva con la que nunca ganas... Acabo de sentir miedo de estar escribiendo yo misma mi sentencia de muerte. Pero así soy, un poco trágica también. A veces cuando me vuelvo a descubrir así tan Oops! ...I Did It Again, pienso que me haría bien conocer a alguien igual de cojudo y compulsivo que yo. Alguien que me entregara toda su vida, que fuera mi amante y mi felpudo y mi pera de box y mi camino y la luz de mis ojos y mi bien y mi mal y mi perdición y todo... Pero luego me acuerdo que una vez, como le escribí hace poco a Maga, conocí a alguien igual a mí -y a pesar de que estoy segura de que nadie jamás me va a querer como él / como yo quiero que me quieran-, salí corriendo.

martes 23 de junio de 2009

Mi novio se va de mis manos como un aire poco denso. Así es, algún día tenía que irse. Yo que siempre tengo complejo de madre, tengo miedo de dejarlo partir pero no me callo los mejores consejos.
Mi novio se va de la mesita de enfrente, de mi mismo distrito, de respirar mi mismo aire y yo me agobio un poco y respiro hondo y dejo de pensar que eso puede traer alguna negra y nefasta consecuencia. Trato de no repetir la típica frase celotípica de “confío en ti pero no en el mundo”. Intento mentalizarme pensando que será mejor, pero creo que a las madres no les gusta que sus hijos se vayan de casa. Creo que tienen miedo.
Yo trato de hacerme entender que irse no es sinónimo de perderlo, pero en el fondo siempre he sido una niña que le tiene miedo a los cambios: no dejo mi depa por otro más grande, no me mudo de distrito, no cambio la firma que ya no uso. Soy como la mayoría de nosotros: un animal aprisionado por las costumbres.
Aún sabiendo que esto era lo que tenía que pasar, que no podíamos vivir pegados como siameses, igual me da un poco de pena y me hace tic-tac el corazón y trato de reconvencerme de que hay cambios que sí son para bien. Por lo demás, mi novio es el chico que seguirá durmiendo conmigo dulcemente, que roncará, que me despertará, que me mandará mensajes con palabras inventadas, que me soltará alguna frase de una película de cine que yo conozco solo de oídas… es mi chico, de eso no cabe duda y yo lo quiero, lo quiero de verdad, conjugando varios verbos y quedándome callada. Yo lo quiero y sé que él también a mí. Ojalá eso me bastara para poder dormir tranquila todas las noches y no preocuparme por cambios ya sabidos que no deberían ser lo mismo que crónicas de muertes anunciadas. Ojalá y ese único e importante conocimiento me bastará para espantar mis insomnios (cuando llegan), mi cajetillas de cigarrillos (cuando llegan), mis lágrimas infundadas (cuando llegan), mis ansiosos paseos desesperados (cuando llegan). Ojalá eso me bastara para espantar todo lo que no debería existir y quedarme con ese único conocimiento y ser feliz sin temor a nada. Ya lo he dicho muchas veces: “lo que tiene que ser será.”


***

Pd. Todos los meses de junio he escrito más que ningún otro mes y todos los meses de junio son "complicados" por decirlo menos.