En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

miércoles, 18 de enero de 2017

6 meses después

Te escribo mientras duermes a mi lado, ahora sin roncar, y eres el bultito caliente que respira con fuerza pegado a la pared. Me gusta la curvatura de tus ojos cerrados y la hendidura de tus pestañas, naturalmente rizada. Me gusta coger tu brazo por las noches, dormida, cuando tengo un mal sueño y un poco de miedo o cuando me despierto de madrugada. Ya no me da temor volver a dormir porque tu estás allí, como una pequeña máquina de arrullos, un brazo al que aferrarse como una metáfora antipesadillas.
Te escribo mientras duermes a mi lado, tu espalda contra mi brazo, tu calor llegando a mi cuerpo, tus ronquidos breves como pequeños arrullos, tu aguante frente al televisor prendido, al tecleo de la máquina y a mis terrores nocturnos.Es bonito dormir contigo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Quiero pedirte permiso para escribir nuestra historia. Sé que no es relevante, digo tener tu permiso, es casi un escrito retórico, porque no estoy mandándote un mensaje a tu bandeja de correo o a tu Facebook donde expresamente te pida por favor que me dejes escribir de nosotros. Eso no lo haría, hace mucho tiempo creo que ya tuvimos una discusión parecida y llegamos a la conclusión de que yo podía escribir de lo que quisiera. Esos son los peligros de meterte con una escritora (o con alguien que trata de serlo). Claro que ese fue un permiso de doble vía, tú también puedes escribir sobre mí, aunque no creo que te interese hacerlo.
Quiero escribir de esto porque aunque han pasado entre nosotros (y más en mí) miles de "aunques" desde entonces aún hay momentos en que te llevo a flor de piel. Suena una locura, lo sé, pero nunca ha dejado de estar en discusión que yo soy un poco loca. Así que ahora me toca escribir sobre ti, de nuevo, una vez más, autoimpuestamente, hermosamente, locamente, como todas las nostalgias de añorar eso que nunca jamás sucedió. No me odies, piensa en mí de vez en cuando, yo también soy una especie en extinción.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Cuando vas creciendo, a veces, empiezas a tomarle gusto a la tradición familiar. Las actividades que de chico te parecían bobas o aburridas ahora se vuelven recuerdos que es forzozo seguir manteniendo: celebrar el adviento frente a una corona e ir prendiendo cada una de las velas, cantar los cumpleaños a la medianoche, recbir un ramo de flores, beber chocolate los domingos decembrinos en el lonche postadviento, ir a misa en Navidad, comer bacalao en Semana Santa... Sí, vengo de una familia católica. Sí, muchas de mis tradiciones están relacionadas a la comida. Pero fuera de eso, uno empieza a extrañar que los lonches de hagan cortos, que no todos hagan una pequeña oración frente a la corona, que a veces ya no haya chocolate. Uno empieza a extrañar los paseos ruidosos que hacíamos cuando todos los jóvenes de la familia éramos chicos y alquilábamos una custer y nos íbamos todos fuera de Lima. Uno empieza a extrañar a la familia que ya no ve por Navidad (de hecho esta es la primera Navidad que no pasaré en casa de mis padres). Hoy mismo empiezo a extrañar que después del Adviento nadie haya hablado un poquito, abierto su corazón. Cuando era niña me fastiaba que interrumpieran los juegos del domingo para entrar a mi casa a leer una lectura bíblica y rezar. Siempre imaginaba que mis amigos miraban por la ventana y pensaban que pertenecíamos a algún culto o hacíamos brujería, porque nos veían a todos con la luz apagada, con velas prendidas y cogidos de las manos cantando en la oscuridad. Cuando estaba en la universidad me debatía entre querer estar en mi casa, pero preferir salir con mi enamorado de ese entonces. Ahora, me gusta esta ceremonia, me gusta compartirla con mi esposo también, extraño que ya no haya tanto espacio para compartir, para hablar, para mí muchas veces se convertía en un momento de catarsis.
Debe ser por todas estas cosas que soy la promotora número 1 de reuniones de Navidad, intercambios de regalos y demás, y más aún con los grupos con los que siempre me he reunido para estas fechas. Esas son mis propias tradiciones personales, y ahora, que estoy armando una casa me ilusiona saber que voy a tener el chance de crear tantas tradiciones nuevas...

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Contra la mitomanía

Cuando le pillas mentiras sistemáticas a alguien qué debes hacer.
No sé cómo manejar una situación así.
Quizá eso será la consecuencia de haber sido mitómana una parte de mi vida. No lo sé...
Tengo miedo de esto y de todo...
La suerte está echada.

viernes, 14 de octubre de 2016

La gente y yo

Sé que hay alguna gente a la que no le caigo bien (aparentemente sin motivo). Eso lo he sabido siempre (y me ha pasado siempre). También hay gente que me quiere sin motivo (y que me quiere y me recuerda de verdad), pero de eso no me interesa hablar ahora.
Escribo esto porque los días como hoy me topo con una de esas personas, desde que me conoció no le caí bien. Pensé que podía tener que ver con celos, por aquello de que ella es muy cercana a  mi chico, pero creo que muy aparte de eso le caigo genuinamente mal.
No me quita el sueño caerle mal a alguna personas. Con algunas de ellas es fácil identificar el porqué, pero con otras (como con esta muchacha) no puedo identificar el motivo.
Hace muchos años estudié inglés en el Británico. Conocí a unas chicas con las que un día me escapé a tomar unas chelas. Éramos chibolas, era algo así como la odisea irnos a un parque a mediodía a beber una cervecita.  Mientras bebíamos y conversábamos de la vida ambas me dijeron algo que siempre me ha dado vueltas: "Antes no nos caías", y yo les pregunté por qué. "No sé, tu voz era muy fuerte. Movías mucho los brazos para hablar". La otra dijo: "Pensábamos que eras creída". "No, creída, no", corrigió la primera chica, "Hablabas mucho". Al final concluí que lo que querían decirme era que no les caía porque era muy escandalosa (o algo así).
Cuando hice terapia y estuve trabajando mi imagen personal en torno del trabajo le comenté al doctor que mucha gente pensaba antes de conocerme que yo era medio creída. Le dije que yo no era así, en realidad soy muy sencilla y simple en muchas cosas exteriores. Él, como siempre acostumbraba, me preguntó si eso me molestaba. Le dije la verdad, que no me fastidiaba, sino que más bien me intrigaba mucho pensar por qué la gente creía eso de mí. "Tienes que identificar qué hace que la gente te perciba así cuando en realidad no lo eres. Es algo que podemos trabajar"... pero nunca lo trabajamos. Yo me quedé con la apreciación que me habían dado las chicas. Sin embargo, hace unas semanas estuve leyendo sobre bullying para un trabajo académico y recordé mi propia experiencia de bullying escolar. Me pregunté, entonces, por qué sería que me hacían bullying. Ensayé varias respuesta y pensé entonces que seguro era porque me percibían como "extraña". Yo era diferente a los chicos del cole. Me quedaba en la biblioteca leyendo libros, vivía lejos y no participaba de algunas actividades, usaba zapatos ortopédicos... era rara. Justo ahora que escribo acabo de recordar también que en la Confirmación en una votación chistosa me hicieron concursar para el título "la piedrita en el zapato". Que yo supiera no le caía mal a nadie, tenía mi grupo de amigos y no tenía roches con ninguna persona, pero ¡¡¡era la piedrita en el zapato!!! No sé porque me habían elegido para ese título tan "divertido". Supongo qué seré un poco pesada. De hecho lo soy, lo sé, pero solo con mis amigos de siempre. Soy pesada y engreída y celosa, pero con los demás no. Al menos no que yo lo perciba. Pienso que debe haber algo más... y si bien no me molesta saber que hay gente a la que le caigo mal, me sigue intrigando saber porque. Supongo que es una suma de cosas. Está entre ser escandalosa, reírme fuerte, buscar ser el centro de atención, hablar cuando tengo que hablar, poder ser apática cuando quiero, poder ser demasiado expresiva cuando quiero... y no sé más... ser rara, pues.
En estos años he tratado de ser menos autista y despistada y saludar a todo el mundo; aprender a compartir mi información de trabajo; ser más abierta; me he flexibilizado mucho y ya no soy tan celosa.  He aprendido a mejorar lo que no me gustaba de mí. Lo que malograba mis relaciones personales. Lo otro no me interesa cambiarlo es parte de quién soy y me gusta cómo soy, lo que no me gusta es no saber exactamente qué no les gusta a los otros de mí, quizá entre todo el mar de cosas podría identificar algunas que si podría querer cambiar y eso me podría ser muy útil.