En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

miércoles, 16 de abril de 2014

Fragilidad

He visto a una persona morir el otro día. No ha sido la primera pero sí la más impactante.
Subida en la ventana del cuarto de un hospital he visto a mi madre, que estaba en una cama contigua visitando a una pariente, correr hacia la cama del lado y gritar. He visto como ella le daba los primeros auxilios y todas las enfermeras y doctoras corrían hacia la cama. He visto a un equipo de 9 personas llegar hacia esas cama y hacer la RCP, por turnos, subiéndose a la cama, haciendo las compresiones en el pecho fuertemente. Y los doctores cambiando de turnos para hacer la resucitación. Y el cuerpo moviéndose de un lado a otro. 9 personas para salvar la vida de una.
He visto a la paciente salir del paro luego de casi 30 minutos de maniobras y entrar nuevamente en paro y escuchar al doctor hablar con la familia.
He visto todo eso desde la ventana del cuarto de un hospital. Prendida, sin poder moverme, como si una fuerza magnética me impidiera irme hasta no saber cómo iba a terminar la historia. Y nunca sentí la fragilidad de la vida tan real y tan cercana. La vida se te puede ir en un minuto. Todo puede acabar. Eso pasa. Yo he sido testigo de ello.

jueves, 27 de marzo de 2014

Tengo miedo...

...necesito sacarlo de mi sistema. Tengo miedo. Y dudo...  Y no sé cómo dejar de hacerlo. Tengo miedo y un poco de miseria y de inseguridad y de tontería y de dolor en el pecho, cerca del corazón.
Tengo tanto miedo.
Ponme una frazadita, acurrucame, tápame y déjame dormidita nomás y no me molestes, que esto va a tener que pasar y sólo entonces voy a despertar

lunes, 10 de marzo de 2014

El amor de los 20 años

He escrito tanto aquí sobre el amor de los 20 años. Creo que he escrito sobre eso en todos los lugares del mundo. Casi casi creé este blog para curarme de todo lo que no podía decir, de todo eso que me costaba tanto admitir porque era tan brumoso que me cegaba a verlo, todo estaba desbordado por el amor, por la ilusión, por la buena vibra que yo sentía y los sueños en los que yo creía. Yo era como ese chico de la película que vi ayer y que me traido a este tema nuevamente: hubiera hecho lo que sea porque me quisieran un poquito más, porque me quisiera de la misma forma que yo quería.

Ah, tener 20 años y sentir que el pecho te explota de tanto amor, que te duele el cuerpo cuando peleas, que estas dispuesto a darlo todo, incluso más de lo que te das a ti mismo. Es bonito y terrible tener 20 años y sentir un amor así. A veces lo extraño, otras veces tengo tanto miedo de dejarme atrapar por el estado calamitoso de ese fuego que te consume cuando insistes en el error porque "el amor lo puede todo", cuando interpretas las cosas como más te favorezcas y no como realmente son, cuando siempre andas poniendo excusas, justificaciones, cuando la única respuesta es que te estás quedando solo en un asunto de dos. Y lloras y sufres y sientes que solo estás vivo porque respiras, porque tu cuerpo (que es autónomo a ti, a tu dolor) sigue a pesar de todo. Y todo eso es definitivamente más de lo que uno puede soportar. Oh no, no es un amor bueno, es tan intenso que te consume. Por eso es tan bonito y terrible. Pero sirve para algo. Como decimos mis amigos y yo: sirve para comprender porque "la gente se tira de un puente", porque hay crímenes pasionales y sobre todo para aprender que uno no se muere de amor. Y yo agregaría a eso también: sirve para conocerte y probar todos tus límites y saber que caminos no debes volver a tomar.

 

martes, 4 de marzo de 2014

Sin sintomas

Lo bueno de mis enfermedades es que la mayoría de ellas o la más difícil no tiene síntomas. Los síntomas vienen después cuando recibo los exámenes, cuando el médico me habla de valores desconocidos que deberían estar más altos o más bajos y entonces inicia una nueva travesía. Y el dolor no es un dolor hipocondríaco, como el de quien escucha que a otro le duele la espalda y de pronto se ve atacado por el mismo mal. El mío es el stress que habla, el stress de no saber, de esperar, de no poder resolver las cosas en el acto. Es el dolor de cabeza, la falta de sueño, la ansiedad...
Pero yo tengo buenas vías de escape están mis amigos, los consejos de mi amigo Star Man Aquarius y toda su energía sanadora que siempre me da felicidad, está mi familia, mi novio y tengo que estar yo misma porque sino es como si me hubiera quedado sola.

lunes, 3 de marzo de 2014

Mi amigo Star Man Aquarius

Mi amigo Star Man Aquarius es muy diferente a mi. Él tiene una visión holística de la vida. Me habla de la sanación y de cómo los órganos se ven afectados por determinadas acciones que uno hace. No es como yo, que busco las respuestas en doctores, en químicos, en Internet. Él es pausado y todo lo investiga en la filosofía, en la sanación, en libros interesantes y diferentes para mí. Pero aún así -o mejor dicho: quizá por eso mismo- aunque muchas veces no lo entienda o me suene complicado, yo recurro siempre a mi amigo porque tiene la sabiduría y la paciencia de hablarme de todas esas cosas que yo ignoro, siempre pensando lo mejor para mí. Él es algo así como "mi alma sensible".
Yo admiro mucho a mi amigo Star Man Aquarius porque he visto el camino que ha recorrido desde ser un niño hermoso y divertido hasta el hombre que es ahora: uno que tiene el valor de tomar decisiones, de enfrentar nuevos retos, de decir muchas cosas que yo quisiera decir. Tiene el valor de ser libre. Y eso para mi, que soy una señora de protocolos, agenda y etiquetas, es -a veces- algo loco pero altamente apreciable. Porque él si puede apartarse de todas las cosas que le enseñaron y darse pie a quedarse con las que quiere o con las que sueña y prefiere. No como yo, que a veces me quedo atrapada en todos esos compartimientos cuadrados que he creado para mi vida y me olvido de la diversión y de la vida misma.
Quizá por eso ahora que ando un poco enferma y sola y débil y con el alma un poco acongojada no puedo más que pensar un poco en él y dejar que me entre un poco de calorcito en el corazón. Pensar en él y en que cuando le cuente los informes del doctor, le hable de los medicamentos y los exámenes él me hablará de otras cosas necesarias para el alma y me dará otras soluciones, que quizá yo, amante de los químicos como buena seguidora de la medicina occidental, demasiado pegada a lo tangible, no podré seguir al pie de la letra porque exigirán de mi toda esa apertura que una TOCmaniática como yo no puede tener, pero que tomaré en cuenta y trataré de hacer (como siempre). Por todas esas cosas yo no puedo dejar de quererlo tanto, de admirarlo tanto y de querer ser un poquito como él, pero a falta de esas cosas para mi, yo me alegro la vida teniéndolo como amigo.