En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Los amigos

Creo que la gente se va pegando a ti por el camino como si ellos fueran de felpa y tu llevaras una franja de pega pega. La gente se acerca a ti por algo, así como tú te acercas a ellos por diferentes motivos. Y luego, en un momento, ambos de abren la puerta y se dejan entrar y algunos se quedan allí para siempre contigo.
Por mucho no tuve amigos, caminaba por la vida con sin adherirme al pega pega de nadie y ninguna persona quería adherirse al mío. Estaba sola. Yo quería tener amigos, quería tener alguien que me quisiera, que no me torturara, que no se burlara de mi, alguien con quien compartir las cosas simples de la vida, y por que no, también las complejas. No sé porque nunca llegue a tener amigos, porque la gente no hacía química conmigo, si a lo largo de los últimos años he podido comprobar que una de mis mejores cualidades (cuando lo deseo) es ser empática. La cosa es que era joven y estaba sola.
Luego conocí a M, K, J y (otra) K, y fue como si mi pega pega personal hubiera estado esperando por ellos toda la vida. Fue como si nos hubiéramos encontrado mutuamente de una vez y para siempre. Y ahora yo los llevo pegados a mi para siempre, aunque nos veamos cada vez menos, aunque ya no tengamos 20 años, aunque ya no juergueemos hasta morir, aunque ellas sean señoras regias madres de familia, él un viajero empedernido y él un exitoso artista, muy a pesar de eso yo los tengo a ellos conmigo y eso me hace la vida feliz. Como hoy, que K y yo nos mandamos un mensaje y pude leer sus palabras hermosas y resplandecientes, y el corazón me saltó de un brinco (nadie me habla tan bonito en el mundo como K, nadie sabe hacerme sonreír con él, es mi alma gemela). A veces solo basta un amigo para recordarte lo bonita que es la vida, lo afortunada que eres al tener a tantas personas pegadas a ti, para siempre. Ya no estaré nunca más sola, así no tenga a nadie más, así no los vea por largo tiempo, estamos juntos siempre.

lunes, 29 de agosto de 2016

Latiendo al mismo ritmo

Hace un tiempo me paso algo singular...
Ella llamó ayer para decirme que es increíble que Ricardo Darín venga a Lima. Es mi amiga, la quiero, pero soy más amiga de él, el ex. Fuimos juntos a la universidad. A ella la conocí por él, hace varios años, cuando eran novios. Nunca vivieron juntos porque él tenía (tiene una hermana que lo necesita, bueno, lo necesitaba porque ya partió a un lugar donde por fin no necesita a nadie más para vivir ni ser feliz). Eran la pareja más bella del mundo. Todos querían ser como ellos. Yo también quería ser como ellos: terminar las frases del otro ridículamente, que alguien me prepare un camino de rosas que terminaba en un baño de burbujas, que me envíen al trabajo un oso que necesitaba su propia silla para sentarse. Sí, todos queríamos ser como ellos. Pero ellos tenían su lado oscuro, no solo peleaban por el control de la tele, por quien manejaba el carro, tenían problemas profundos: la hermana de él y la necesidad apremiante de atención y cuidado que necesitaba: él no era libre; la necesidad de ella de que él le presente toda su atención; el dinero; las diferentes formas de ver la vida... Se amaban, no me cabe duda, pero eran complejos y oscuros como lo son los grandes amores.
Ella llamó ayer para decirme lo de Darín, no porque fuera algo importante, no porque tenía entradas, no porque quería invitarme. Llamó para decírmelo porque no podía hablar con él. (No están juntos hace un año. Ya no hablan). Quería contarme que la obra de teatro fue la misma que ellos vieron en Lima hace tiempo. Tenía que decírselo a alguien, aunque sea a mí.
Dos horas después, por la noche, llamó él. Quería comentarme lo de Darín. Le parecía increíble que ese actor al que tanto admiraba estuviera en Lima, y le parecía más increíble aún que estuviera aquí para actuar en esa obra que había visto con ella. La extraño me confesó (ella me había confesado lo mismo dos horas antes). Colgué el teléfono triste, es una mierda que se muera el amor. Es una mierda que el mundo tenga que girar. Es una mierda que ella se vaya a ir a ver a Darín sola "como un homenaje". Es una completa mierda que él nisiquiera pueda ir a ver la obra porque se le "parte el corazón". Bueno, también es una mierda que yo no vaya a ir a ver a Darín porque solo habían entradas caras cuando fui a comprar, aunque eso no venga al caso. Pero es más insólito sentir cómo los corazones de dos personas que están separadas a veces aún siguen latiendo al mismo ritmo. Dos horas más temprano, dos horas más tarde, las mismas palabras, los mismos recuerdos. Hacemos tanto esfuerzo por sincronizarnos con alguien, por latir a su ritmo, que luego -aunque lejos- el corazón no se detiene (que no es lo mismo que el amor, que no es lo mismo que la confianza). Sé que ellos ya no están juntos, se que ella se irá a Holanda a hacer una maestría, sé que él tiene pensado viajar pronto a Chile, quizá para hacer una vida lejos, pero sé también que si se sentarán a una mesa, un día solamente (dejando de lado las peleas y discordias), podrían reír, abrazarse y ver chispas en sus ojos y escucharían por un milisegundo a sus corazones latiendo al mismo ritmo. Lástima que la vida no sea ese milisegundo, lástima que la vida y el amor sean cosas complicadas, enrevesadas, diferentes. Afortunadamente nuestros corazones no tienen un solo ritmo, laten al compás que queramos, cambian, saltan, se apaciguan, bailan, eso es lo bueno de la vida, eso es lo bueno del amor.

sábado, 30 de julio de 2016

Nuevo inicio

Para algo nuevo empiece algo antiguo debe terminar. A veces uno piensa que hacer un gran cambio será algo fácil y se da cuenta que dejar las cosas atrás no es tan sencillo. Pero para iniciar algo nuevo, las cosas tienen que cambiar. Y aquí estoy yo enfrentándome a grandes cambios, todos de un solo golpe, con nostalgia, con ciertas ilusiones, con dolor, pero también con descubrimientos y algunas alegrías. Es como ver un paisaje hermoso con los lentes empañados, lo percibes, sin embargo no lo puedes ver del todo bien. Así ando yo, en un camino nebuloso. Descubriéndome cosas nuevas... Miro al futuro con alegría y esperanza, se que las piezas se irán acomodando, lo sé.

jueves, 16 de junio de 2016

Alea jacta est

El otro día he enviado un mensaje de texto a mis amigos enseñándoles el parte de mi matrimonio. Como un chiste le coloqué a la foto la leyenda: "la suerte está hechada". Pero de alguna forma es verdad. Las cartas han sido repartidas, yo he jugado por largo tiempo y ahora me encuentro frente a él en una mesa que por momentos se hace larga y otros pequeña. Nos colocamos frente a frente y nos miramos. No sé, los dados ruedan, las cartas caen y aunque el partido va a acabar, yo siento que recién empieza. Falta un mes, un mes a partir de hoy, y desde ahora los días se harán pequeños y el tiempo correrá como la rueda de un hamster. Aún me faltan cosas por hacer, por comprar, por planear y mientras escribo esto me salta el corazón terriblemente. Mejor ya no escribo, mejor voy a hacer un espacio para la cordura (que no ha sido mucha en estos meses). Solo quería comentar esto y pensar un poco en esa frase que mandé.

viernes, 20 de mayo de 2016

Antes me resistía a cambiar. Todo cambio, pequeño o grande, era para mi un dilema. Creo que he ido superando eso. Ahora no he dejado de tenerle miedo al cambio, pero puedo manejarlo mejor. He dejado de hacer un drama si me cambian de hora para una salida (repito no ha dejado de molestarme, pero al menos ya no estalla la segunda guerra mundial).
Me he tranquilizado. Me he vuelto un poco más paciente. Creo que por fin he construido (en algunas cosas) esa escala de negros y grises que tanto nos costó a mi sicólogo y a mí. Ojalá la hubiera tenido desde los 20 años. Ojalá la hubiera tenido desde siempre y no la hubiera tenido que construir en sesiones semanales por un año. Me hubiera evitado tantos dolores. Hubiera podido salir de tantos problemas. Hubiera vivido más tranquila. Pero ahora la tengo, eso es lo que importa. Ahora puedo molestarme menos y mejor (yo me entiendo).
Me ha costado mucho reconocer que en la vida muchas cosas son una elección. Hace varios años decidí ser feliz: con todo y contra lo que opusiera, y desde entonces lo soy. Hace varios años decidí dejar pasar las cosas: aprender a olvidar, y también, a no hacerme tanto rollo con las cosas. La gente te hiere, te caga, te jode, a veces sin querer, si lo permites, eres tú el que está mal. Si todo te afecta, eres tú el que está mal o lo aprendes a manejar o te loqueas. (Yo ya no me loqueo). Hace varios decidí ser menos stalker, menos malpensada, menos celosa, meno impulsiva, sin dejar de ser yo y creo que he andado por un buen camino. Así como siento que hay aspectos en los que soy totalmente negada, creo que he avanzado bastante en otras cosas. Me siento bien y he tenido que hacer muchas cosas para eso, he tenido que esforzarme. Creo que puedo sentirme un poquito orgullosa. Creo que puedo celebrarme y cantarme a mí misma un poco. Ahora mi reto es construirme un voz o manejar mi propia voz. No quiero quedarme dentro con cosas que siento que necesito decir, pero a veces es tan difícil aprender cómo decir la cosas. Nuevos años, nuevos retos, siempre mejor que hayan nuevos retos, porque eso significa que ya has ido superando los antiguos.