En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

jueves, 29 de enero de 2015

Hoy es un buen día para empezar

Y las cosas empezaron a ir mejor. Mi situación empezó a cambiar. Yo necesitaba una pequeña muestra de confianza, una pequeña cosa para sentirme bien y eso se dio... y así todo comenzó a mejorar.
Todas las cosas malas que venían pasándome le dieron varios golpes a mi autoestima, golpes fuertes, empecé a dejar de sentirme solvente en la practica (pq en la teoría nunca dejé de serlo: tenía muchas cosas que lo probaban, pero en la práctica...).
Creo que si las cosas no me hubieran empezado a salir un poco mejor tampoco me hubiera quedado en el suelo para siempre, pero sí necesitaba reponerme del golpe. (Aún no me repongo de las heridas, aún no me siento solvente, pero poco a poco, poco a poco).
Pienso que también esto me ha enseñado que siempre hay salidas, hay buenas salidas y cuando pasan cosas buenas uno tiene que agradecer, así que de entre todas las cosas malas hay cosa buenas; sí, las hay.

viernes, 16 de enero de 2015

En la lona

Me siento en la lona. Este ha sido el último knockout, el final, el definitivo, del que creo que no podré pararme. Di mi mejor pelea, tuve mis altos y mis bajos pero vengo peleando mucho, fuerte y sostenido, pero aún así me han dado el puñetazo final y he caído a la lona.
Nunca me he sentido tan poco buena para las cosas. Voy tras de una, llego a un punto en el que se supone que soy buena, en el que se supone que todo es prometedor y luego caigo como en caída libre y no puedo pasar de allí. Ha sido la misma historia todo el año pasado. Una y otra vez, hacer una y otra cosa para la que creo que soy buena, para la que me dicen que soy buena, algo en lo que avanzo bien, por lo que recibo felicitaciones y luego, ¡zas!, el KO en la quijada y al suelo.
Me ha costado mucho pararme todas las veces que he tenido que hacerlo el año pasado, pero lo he hecho, me he parado y he dado pelea. He tenido mis vagancias, mis tropezones, mis retrocesos pero aún así me he levantado y he seguido dando pelea, fuerte, constante, con muchas ganas; pero igual me han noqueado, me han dejado golpeada en la lona de boxeo y así estoy ahora nuevamente acabada, vencida.
Pensé que este año podía ser un poco diferente, tenía algunas esperanzas, había perdido otras, pero tenía la firme convicción y todas las ganas (y también las sospechas) de que las cosas iban a empezar a ir mejor (por lo menos en esto). Pero no es así. No está siendo así y solo puedo preguntarme por qué. ¿Por qué estoy recibiendo tantos golpes? Es que acaso ya no estuvo bueno... Es que acaso no merezco un respiro, una buena noticia, una pelea ganada. Creo que soy una persona medianamente buena. Ok, ok, no cedo el asiento a las viejitas en el micro ni voy el domingo a las iglesias, a veces dejo trabajo para última hora y no he estudiado todo lo que debería para algunos exámenes pero es que eso acaso me hace mala, eso acaso me hace tan mala persona como para no poder recibir un poco de paz, un poco de respuestas positivas a todas las cosas que sí hago bien.

No sé, hace un tiempo te pedí, te grité que me soltaras, que ya estaba bueno de tanta mierda. Que era mucho para mí, que yo soy solo este ser pequeño sin ingenio, con poca motivación y al que todos los problemas le parecen grandes... Y literalmente te grité en medio de mi cuarto que necesitaba que me sueltes. Que había aprendido las lecciones que tenía que aprender. Que si era merecedora de algún castigo x algo entonces ya lo tenía. Y ahora no sé... me veo tentada en este milisegundo a pedirte que me sueltes de nuevo porque creo que con eso tal vez yo dejaría de castigarme por no estudiar suficiente en los exámenes y no cederle el asiento a las viejitas, y quizá así no sentiría que tú me estás castigando por eso también. Pero repentinamente solo siento que lo único que puedo hacer ahora, casi como si me saliera del corazón, es pedirte que me ayudes a ganar estas batallas, pedirte que me ayudes con lo que tengo: con esta falta de ingenio, esta desidia, con esta poca disposición a ser buena y piadosa, a veces, porque esto soy yo, así soy yo y aún así, aún con todas estas cosas que tengo que yo sé que no son del todo buenas y que no quiero mejorar, aún así merezco ganar alguna de estas batallas, merezco que por lo menos alguna vez no me noqueen. Yo lo merezco, no es soberbia, he chambeado para eso. He cumplido el entrenamiento. No me voy a quedar en la lona por mucho tiempo.

lunes, 5 de enero de 2015

Caras vemos, celulares no sabemos

Hoy ha caído en mis manos el celular de un pendejo. He leído sus conversaciones en el Facebook y en el WhatsApp y me ha parecido tan estúpido.

Primero: Cómo alguien puede gilear de una manera tan monse. "Bonita", "Princesa", "Bella"...
Segundo: Cómo alguien puede ser tan esquizofrénico de crearse mil personalidades para cada gileo. "Que soy teniente del Ejército", "Que me acabo de graduar", "Que soy licenciado en Administración"...
Tercero: ¿Qué irrefrenable deseo puede tener un hombre, que tiene una mujer y un bebé por llegar, de agregar a las redes sociales a mujeres que no conoce e invitarlas a salir? Peor aún: cuando todas lo chotean y le dicen expresamente que no lo conocen y que no van a salir con él.
Cuarto: ¿De dónde los hombres consiguen números de WhatsApp de mujeres que no conocen al punto de no tener ni idea de quiénes ni qué hacen? ("No puedo salir tengo 14 años mi mamá no me deja").
Quinto: Confirmo mi teoría: 'Hombre que niega a su pareja algo esconde' ("Es solo la mamá de mi hijo", "Me he separado, ya no tengo nada con ella" --> O sea, ¿el otro día no estuvieron en mi casa con el bebé y todo era amor y felicidad?)
Sexto: No entiendo a las mujeres que aceptan a un hombre que tiene pareja pública (digo pública porque de hecho te la pueden hacer). O sea, cuando tienes 15 años puedes tragarte el rollo de que no sabías que era su enamorada, pero ¿ahora, con el Facebook, los amigos comunes y la experiencia? Nica, no quieres saber porque tú también quieres hacerte la pendeja que es otra cosa.
Séptimo: Si sigues una conversación con alguien que no conoces y te gilea de una manera tan cojuda, definitivamente tienes lo que te mereces.

No entiendo a los pendejos monses y menos aún entiendo como puedes ponerte a buscar un tire, una salida, chateando con el celular en la habitación de al lado donde tu mujer está haciendo dormir a tu niño.Too much... Y tampoco entiendo cómo sabiendo que tienes tremenda mierda en tu teléfono lo dejas olvidado en mi casa con uno de tus mensajes puercos sin enviar. Ha, sí, eso si lo entiendo, además de pendejo eres idiota, es eso.
Bueno, no tienes mi silencio porque te tenga un poco de consideración, ni siquiera porque tus pendejadas se quedan solo en un 'sexting' (claro, ninguna chica te ha atracado a salir, eres un gilero monse, un pendejo loser, pero eso no te libra de nada, tú estás buscando la oportunidad y siempre hay alguna boba, así que la vas a tener), sino porque en problemas de dos no entra un tercero, y yo soy la tercera en cuestión. Descuida no haré nada, nada más que escribir esto.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Feliz 2015!

Este año ha sido un año de aprendizaje y cuando digo y pienso eso me doy cuenta que desde hace varios años vengo diciendo lo mismo, creo que me estoy volviendo vieja o más concienzuda o tal vez como ahora la vida me impone mayores retos no es tan sencillo decir así a la ligera: este ha sido un año hermoso. Pero este ha sido un año difícil, de retos, donde he tenido que superar varias cosas y aprender a aceptar otras; pero lo más bonito es que también he aprendido a valorar las cosas que la vida me ha dado y a no dar por sentado lo que tengo sino a agradecerlo.
Así que bienvenido sea el 2015. Deseo para ustedes lo mismo que para mí y para todos los que quiero: que puedan superar retos, que sean felices con lo que tienen pero que eso no les impida ir más allá y buscar lo que desean, que tengan amor, salud y éxitos en la chamba y en la vida. Y claro que tengan un poquito de pimienta en su vida, y no va a ser...

martes, 30 de diciembre de 2014

Los pasillos de los consultorios de los doctores

Es curiosa la solidaridad que existe en la sala de espera de los doctores. La gente se mira con cierto cariño, con cierta pena, como si se conociera de antemano. No les da pudor hacerse preguntas que jamás se harían en la calle, hablar sobre sus cuerpos, sus molestias, sus embates, sobre lo bueno que es el doctor y cómo l@s ha sanado milagrosamente, lo bien que les hizo a sus hijas, madres o amigas. No falta quien te pregunta sobre la retención de líquidos, la imposibilidad de pasar bien los alimentos, la caída del cabello, la hinchazón de las articulaciones. Algun@s ensayan respuestas como posibles diagnósticos, otras comparten sus síntomas también, la medicación que usan. No falta la primeriza, la que recién esta entrando en el terreno de la enfermedad, temerosa pregunta por el doctor, los síntomas... Tod@s prest@s le dan ánimos, le hablan de las bondades de los tratamientos, de lo bien que conduce el médico a su rebaño de enfermos, le dan coraje, le hablan con un optimismo supremo, como queriendo calmarla o acompañarla. "Masa" de César Vallejo ocurre en el pasillo de los hospitales o en los consultorios. Ocurre yo lo he visto. Lo he sentido. Lo he actuado. Y lo he vuelto a hacer ahora que he vuelto al médico.
A menudo pienso que la vida se te decide en el pasillo de un hospital o en una consulta médica. Cuando abres tímidamente el sobre de los resultados y aparece esa cifra de más o de menos, esa que no debería estar allí y es entonces cuando tu vida cambia. Cuando luego vas con tu ensombrecido sobrecito a sentarte derrotada en la sala de espera y escuchas como l@s demás hacen el ritual antes descrito y tú, te muerdes las uñas, te paras, te sientas hasta que dicen tu nombre y pasas al consultorio del doctor. Los doctores siempre están quitándote o aumentándote algo: más pastillas, menos peso, más verduras, menos alcohol, cero estrés.
El día ese que volví donde el doctor pasé antes de la cita a recoger mis resultados, en la otra caja había una jovencita guapa y espigaba que preguntaba por una prueba de embarazo, iba sola y nerviosa, supe que su vida también iba a cambiar en ese momento cuando se sacara la sangre. Fuera del resultado su vida iba a cambiar, un susto así cambia a cualquiera: te enseña a usar condón, a terminar con el novio estúpido que no te acompañó o a volverte mamá... un susto así te cambia. Entonces le mandé una mirada solidaria (solidaridad de hospital) pero ella miraba al piso.
Este año volví al consultorio del doctor, me enteré que de seguro tendré que ir todo el año que viene. Este año volví a perder un poco más mi salud. Gané más dosis de las pastillas cuadriculadas. Volví a las antiguas pastillas blancas. Me quedé huérfana de respuestas con un síntoma. Gané una dieta de verduras. Este año con en los anteriores volví a reaprender que la salud es algo que pierdes cada día si no te cuidas y así te cuides, a veces, la pierdes porque tu cuerpo se te revela, te arma un golpe de estado del carajo y tú solo puedes hacerle frente. Así que aquí estoy yo haciéndole frente una vez más y para toda la vida, para toda la vida si es que esta vez aprendo bien la lección y yo, la salud, los hospitales y los doctores nos volvemos un matrimonio y no nos volvemos a separar.