En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Carta a mamá

Mamá, eres una de las personas más fuertes que conozco. Creo que antes no pensaba así porque no conocía toda tu historia, ahora que la sé, sí lo pienso. Creo que eres mucho más fuerte que yo y que muchos que conozco. Creo que tienes mucha luz y que has sabido manejar el dolor hidalgamente y que cuando no has podido hacerlo has fallado como todos lo hemos hecho y el dolor se nos dispara hacia lugares a lo que no debería ir. La vida me ha enseñado muchas cosas en el último tiempo. Me ha hecho darme cuenta que para las cosas así como hay muchas razones a la vista también hay muchas otras insospechadas. Es por eso que uno no puede juzgar ligeramente, no debería. Yo quisiera no haberlo hecho tantas veces, contigo, con otras personas. Solo quería decir eso... que admiro tu fortaleza, espero yo también haber copiado un poco eso de ti.

sábado, 15 de julio de 2017

César, te he escrito muchas veces: textos de amor, de dolor, de felicidad… pero en general, he escribo poco sobre ti últimamente, sobre nosotros. Es como si hubiera poco qué decir... cuando en realidad hay mucho… hay tanto… Es como si lo nuestro fuera un gerundio y estuviera siempre en tránsito, en el permanente ejercicio de ser muchas cosas: amigos, amantes, esposos, hojas que se arremolinan en el viento, polos opuestos en un pequeño ring de box, hermanos que se abrazan candorosamente… Siempre estamos siendo y llevando roles antiguos, roles nuevos o insospechados… Es poco lo que puedo escribir de ti, entonces, porque día a día la vida se me va en vivirla contigo, en la cama destendida, las llamadas por teléfono y las madrugadas de sueño y de trabajo. Día a día, minuto a minuto te llevo conmigo y te descubro en detalles mínimos, como cuando me río con tu misma risa de un chiste del que sé que te hubieras reído o cuando escucho a un tipo decir algo políticamente incorrecto y yo meneo la cabeza de un lado a otro reprochándote. Esas son cosas que a veces olvido escribir, quizá porque no son divertidas ni polémicas ni perturbadoras, es el tránsito de la vida, de nuestra vida y supongo que eso no se escribe… se vive. Te amo.

domingo, 9 de julio de 2017

Ay, julio

Este ha sido (está siendo) un mes difícil. Creo que los julio siempre me van a tocar así: convulsionados, llenos de mucho trabajo, de celebraciones en medio de la locura, de poco sueño...
No puedo más que darme ánimos para seguir, repetirme varias veces que sí puedo. "Yo puedo hacer eso". "Yo puedo terminar este mes". "Yo puedo cumplir todo lo que tengo que hacer".
Pienso en Enrique, que allá al otro lado está igual de cansado que yo, pero que continúa. Eso me da fuerzas. Me da fe (casi me da ganas de ponerle una tilde impropia a esa "fe", pero es que es una fe grande). Fe en la amistad, fe en que hay bondad y sensibilidad aún, fe en que existe alguien con quien puedo compartir todo eso (incluso las desveladas y trabajos, cada quien lo suyo, en dos casas diferentes, en dos distritos diferentes de Lima).
Veo a mi marido dormir. Parece un bebé grande, enorme, que se queja a ratos y se calma con mi voz. No voy a mentir: odio un poco que él pueda dormir y yo tenga que trabajar. Odio no poder dormir con él amenudo: yo trabajando desvelada, él disfrutando de su buena suerte de poder marmotear todo lo que quiere.
Este no ha llegado como pensé: en la casa nueva, con todo listo y perfecto, con los trabajos del doctorado terminados y dignos de un sobresaliente, con la enfermedad controlada, con el tratamiento a la piel listo, sin dolores menstruales... Este julio está como el anterior... Pero en medio del caos, puedo detenerme un momento a agradecer y ser feliz porque en medio de todo ahora tengo un marido que me hace el desayuno, me levanta cual niña de colegio para ir a trabajar, me trae el almuerzo para que no tenga que salir y no se queda de mi convulsionada vida. Hay mucho que agradecer en medio de la convulsión lo demás se irá ordenando, a fines de julio, tal vez en agosto... Ya se verá...

domingo, 25 de junio de 2017

Cosas que te pueden devolver la fe

Cuando ves todos los días que el mundo es una mierda, que uno empleadores desgraciados han encerrado con llave a unos chicos que trabajaban por 20 soles al día y han muerto quedamos o asfixiados en un incendio, cuando las noticias todos los días hablan de violaciones, feminicios, accidentes de tráfico, negligencias médicas, cuando ver la noticias te enferma porque no hay nada bueno, necesitas desesperadamente cosas que te devuelvan la fe, que te hagan pensar que vale la pena estar en este mundo, que todo no está perdido. Yo lo necesito desesperadamente hoy, lo necesito para sentir que esta semana no ha sido tan dura, que puedo despertarme mañana tratando de sonreír y sintiendo que el mundo no se va a caer a pedazos, que no es una idea terrible pensar en tener un hijo, que algo se puede hacer aún...
Estas son algunas cosas que me devuelven la fe:


  • Las personas que se han organizado espontáneamente para llevarle desayuno a los bomberos que han estado por horas tratando de apagar el incendio más terrible que Lima ha tenido en los últimos 40 años. Sobre todo los emolienteros, las señoras que venden desayuno. Qué tal muestra de solidaridad es dar lo mejor de sí, es dar algo de tu trabajo, algo de lo que falta. Eso es verdadero compartir.
  • Este verano no hubo agua en algunos sectores de Lima. La cisterna de la municipalidad pasó por mi casa, fui con mi baldecito a sacar agua y vi como unos jovencitos ayudaban a una viejita a llenar sus baldes y la acompañaban a su casa.
  • Cuando alguien le cede el asiento a otra persona en un micro, sobre todo cuando el micro está lleno, es hora punta y se ve que la persona necesita ese asiento más que nadie.
  • Los bomberos... esos bomberos que no ganan ni un sol y dan lo mejor de sí para ayudar a los otros. Siempre he pensado que cualquiera puede abrir la billetera y dar plata para una causa, dar de tu chamba es dar un verdero aporte.
  • Esta semana también una amiga perdió su billetera y la persona la contactó para devolvérsela con todo intacto. Se la llevó a su casa y no aceptó ni siquiera plata para el pasaje.
Estas son algunas cosas en las que me forzado a pensar para pensar que el mundo no es una mierda, no puede serlo, no deberíamos dejar que lo sea.

lunes, 22 de mayo de 2017

Señor Hacker...

El otro día me di cuenta que estabas en mi computadora. El mouse se movió solo y los archivos del escritorio de mi computadora empezaron a tintinear. Vi que te dirigías a mis archivos en word. Me dio gusto, es bueno saber que alguien te lee, aunque sea de estas maneras raras y antiéticas. Luego, hace dos días vi que se habían instalado nuevos buscadores en mi escritorio. Los borré, pero hoy volvió a aparecer uno de ellos.
Solo quiero pedirte que por favor no borres nada, sobre todo mis fotos. Les tengo mucho aprecio a las fotografías, sobre todo a las antiguas. Tuve una pérdida terrible de información, información de chamba importante. No sé habrás sido tú, eso fue hace como un año. No soy egoísta, puedo compartir todo lo que tengo en mi máquina, pero borrarlo, ¿no te parece demasiado?
Ahora que sé que convivo contigo, pienso que me observas, que sabes que estoy cansada, que he pasado varias noches sin dormir, que tengo mucho trabajo. ¿Tú también trabajas? ¿Es tu trabajo ahora leer, observarme, aprehender cosas de mí?
No tengo cuentas bancarias, ni fotos desnuda, ni información de estado que pueda robar. Soy poco intersante, la verdad. No sé porque me habrás escogido. ¿Es el azar o es que has visto algo en mí que te seduce, que te perturba, que te intriga? Temo que pueda decepcionarte, soy como en aquel cuento: "una esfinge sin secreto", poco podrás coger de mí y todo lo que podrías hacerlo está expuesto. Escribo aquí hace casi 10 años, cuelgo cosa en la red cada tanto, así que todo está por allí. Poco podrás complementar sobre mí en mi máquina. Las cosas que no quiero que nadie veo las tengo en un usb en un cajón en casa, no guardo fotos de las que me averguenzo porque creo que la memoria se contruye, y yo construyo la mía con lo que me gusta y me siento cómoda.
Señor Hacker, espíame, pero no malogres la construcción de mi memoria: mis archivos de datos, mis fotos de bebé, las canciones que alguna vez me han escrito, los poemas que yo he escrito, la lista de invitados de mi boda, todo todo todo eso, solo me sirve a mí, pero puedo compartirlo contigo. Solo no lo pierdas en la nube, ah, y no te enamores de mí.