En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

martes, 12 de octubre de 2010

Queremos tanto a María

María estudio conmigo una clase en la universidad, era una muchacha sencilla y callada, que no participaba en las clases y rehuía las preguntas del profesor. Saludaba a todos con una sonrisa chueca. Se juntaba con las chicas feítas del salón. No era muy hermosa, pero era buena. La bondad se le notaba en la cara, en la voz, en la sonrisa. Era una chica buena de verdad. Yo no la conocía mucho y conversabamos poquísimo pero aún así yo sabía que María era buena y pausada.

Vestía como profesora antigua con una blusa hueso demasiado ancha y bastante percudida, y a veces un poco sudada. Se ponía una falda o un pantalón negro con zapatos que nunca combinaban. No sé si era brillante o no. No lo recuerdo. Sólo sé que yo, que era brillante y guapa y popular, terminé aprobando el curso con un 11, luego de un sustitutorio que me hizo sudar frío, y María no estaba en el exámen. No recuerdo si se graduó conmigo en mi base, en mi misma ceremonia, pero creo que nunca jaló ningún curso.

María tuvo un novio en la universidad: Jacinto. Que tampoco era guapo (pero sí el más alto de la clase), que tampoco era popular pero sí inteligente. Era muy callado pero las pocas veces que abrió la boca fue para desulmbrar a la gente con el buen manejo de la teoría y para hablar de lo mucho que le gustaba María. A María, Jacinto le decía Fe (que era su segundo nombre) y algunas en su grupo de amigas también le llamaban Fe. No había pensado en María en mucho tiempo pero inevitablemente (tampoco es que lo haya querido evitar) me había chocado con ellas dos que tres veces después de terminar la universidad. María invitándome un café, María hablando de seguir los sueños, María sintiéndose contenta porque admiraba que yo estuviera haciendo lo que siempre he querido.

Hace unos meses me choqué con María en el trabajo de mi mejor amiga, estaba haciendo un trabajo de apoyo, pausada, tranquila, poniéndole punche, esperando que secretamente después la contraten, pero sin decir una palabra. Hable con mi amiga, di las mejores referencias de María y la contrataron rápidamente. Nisiquiera se habían percatado del buen trabajo de la voluntaria. La vi dos meses depués había hecho su primera venta (modestísima, pero era su primera venta) y todos la felicitaban, le habían preparado un brindis, su novio (no Jacinto, sino el actual) le había enviado un arreglo de flores enorme que decía: "Con amor para Fe" y había llegado a la celebración trayendole un (anticuado) peluche, con un posterior beso de película. Todos abrazaban a María, se tomaban fotos con ella y se veían tan felices.

María con su nombre común, con su "aspecto de plaza de pronvicia", con su caminar lentito e indistinguible entre la multitud, allí tan feliz. Y yo: con un trabajo mejor, con el huracán encima, con el novio más guapo, pero sin las flores, el brindis de los compañeros de trabajo, la alegría, la sencillez, la tranquilidad.

Amamos tanto a María, que es tan diferente a mí. Yo nunca podría ser como ella. Sin embargo ahora, el otro día que la vi, hubiera querido ser María, llamarme María, tener su trabajo de sueldo mínimo, su novio feo que le mando las flores y llegó a verla y la beso con orgullo frente a toda su oficina. Hubiera querido -no importa- tener un destino tan simple como ser profesora de colegio, tener un esposo profesor, dos sueldos mínimos, un cuarto pequeño, dos bebés llorando (que después estudiarán en modestos colegios parroquiales). Hubiero querido no tener un apellido portugués, una familia que bebe vino verde, no haber ido nunca a Lisboa. Hubiera querido, quisiera por momentos, ser María, con el "aspecto de plaza de provincia", con el trabajo voluntario, la carrera recién al empezar. Yo hubiera querido llamarme María y tener el brindis en el trabajo por una venta de S/.230.00 y que eso sea toda la felicidad del mundo. Y que no me importe si mañana, si pasado, si más tarde. Si te quedas o te vas; te pierdes o me engañas. Si te dejo o me busco uno o dos amantes. Si me mudo o me quedo en mi casa. Si puedo o no hacer la tesis. Si engordo uno o dos kilos.

Queremos tanto a María, todos los que queremos a María, la queremos tanto porque en realidad no se parece nada a mí, y creo que en muchas, muchísimas cosas tiene mejor suerte que yo, y obviamente también es más buena.

1 Comentarios:

A la/s 17/10/10 2:18 a.m., Blogger Pompas de jabón dijo...

Tu eres buena. buenisima, solo que a veces a todos nos dan los malditos diablos azules.
Te quiero mucho, no se si me lo creas, pero queria escribirtelo.
Nos vemos el lunes ;)

 

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