En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

jueves, 19 de febrero de 2015

Las cosas buenas de la vida

A veces uno se olvida de ver la vida como un proceso, con sus picos, sus altas y sus bajas. A veces uno se olvida de ver el vaso medio lleno y lo ve medio vacío. Sobre todo si se te ha derramado el agua muchas veces. Uno sabe que las cosas van a pasar. Lo sabe teóricamente, pero a una ansiosa crónica como yo el paso del tiempo la tortura.
Cuando terminé con mi primer novio, mejor dicho cuando el terminó conmigo, yo sabía que el dolor pasaría, sabía que todo era cuestión de acomodarme a mi nueva vida sin él, lo sabía pero no podía evitar que me doliera, no podía pasar de ese dolor. Pero como todo en la vida: pasó, pasó y me dejó la mejor lección de la vida: "nadie se muere de amor". Y así es que hace poco yo estuve en una de estas situaciones en las cuales uno siente que es un imán para todo lo malo del mundo, que lo único que estás haciendo es dar un paso en falso tras otro. Me olvidé de confiar en mi, deje de tener la certeza de que mi momento de cosas buenas llegaría y me olvidé de lo que ya había aprendido cuando me dejó el novio: todo pasa...
Lo que no sabía entonces y lo que acabo de aprender es que a veces las peores cosas que te pueden pasar a la larga te enseñan grandes lecciones, que se vuelven las mejores de la vida, que te forman como persona, que te ayudan a estar bien y sobre todo a ser mejor.
Así que ahora he aprendido que uno no solo tiene que agradecer por las cosas buenas, tiene que agradecer también por las cosas difíciles, las más complicadas, porque te forman el carácter y muchas veces te ayudan a buscar dentro de ti nuevas capacidades, nuevas ideas, nuevas formas de ser feliz.
Así que ahora que es el tiempo de las cosas buenas, quiero agradecer también por todas las cosas difíciles, por todos esos momentos en los que vi el vaso medio vacío y tuve que inventar estrategias para levantarme del piso y recoger todo el agua derramada.
Nadie dijo que obtener un poco de felicidad sería fácil, es una búsqueda intensa, hay que lucharla, hay pelearla, pero es bonito cuando llega y aún sabiendo que se puede ir la alegría de haber crecido nunca te abandona.

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