En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

viernes, 17 de octubre de 2014

¡Abajo el amor!

Tengo que decirlo: las muestras de amor impostadas -en tiempo de Facebook- me enferman. Estoy harta de ver parejas que se juran amor eterno en sus muros, con palabras huachafitas y dibujitos tiernos. Casi como si todos volviéramos de nuevo al cole y tuviéramos la imperiosamente necesidad de amar (en público) y ser amados (en público) para que nos reconozcan, para mostrar al mundo que somos "grandes", serios y responsables, damas y caballeros con pareja.
Estoy harta de la chica que encuentra al amor de su vida cada tres meses y pasa de "en una relación con" a "estar soltera"y que jura amor eterno como quien comprar la Caretas.
Acaso la gente no sabe que las palabras tiene un valor, que no es como decir pan, agua, queso... Que las palabras de amor son importantes y que van perdiendo el brillo mientras más se exponen. Que como  el agua (que da vida) hay que dosificarla porque si te atiborras de ella te enfermas.
Yo amo las palabras de amor. Sí, las que se dicen en público, también. Pero no las que se sueltan para representar el teatro del amor, la vida feliz, el "quiero que te reconozcan como mío y que vean que soy tuya".
No lo sé, las palabras tienen fuerza, son mágicas y dispararlas como balas no es lo más ideal. Si le digo a alguien palabras de amor quiero que cuente, más allá de su muro, más allá de lo que puedan leer mis 5000 amigos o los suyos.
El espectáculo del amor me apena, no, la verdad me encoleriza. Es como si las mujeres nos redujéramos a ser esos seres incompletos y necesitados que tenemos que "agradecer" constantemente la presencia del hombre que tenemos al lado, casi como si no lo mereciéramos, casi como si necesitáramos marcar cierto territorio para alejar la soledad, el abandono, a la otra mujer que puede llegar detrás de nuestro trofeo. Yo tb he usado algunas de esas tácticas femeninas, para qué voy a mentir, pero de lo bueno poco: en contadas ocasiones y con carácter de efectividad 100% comprobado.
No, no soy una amargada. No, no soy una des-amorada. Quizá es un cierto feminismo el que me irrita cuando veo estas cosas. Amo el amor, tanto como las chicas que lo exhiben (yo tb lo exhibo a mi manera) pero no hago de él un espectáculo, hago que cuente.

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