En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Los sueños de Sandra Texeira (Parte II)

Estábamos en la cárcel. Los dos: tú y yo. Una confusión con una dinero. Una malversación de fondos estúpida. Mil doscientos soles. No sé pq tú tb estabas en la cárcel. Finalmente era mi problema, plata de mi trabajo... Pero tú estabas allí. Supongo que estabas conmigo pq creían que eras mi cómplice. Era una cárcel mixta. Yo estaba aterrada. Iba a pasar la noche en el piso de una carceleta. Tuve que pedir un colchón. Me trajeron un colchón delgadísimo. Era blanco. Y lo tiré al piso sin catre para poder dormir. Al salir fui a reunirme contigo. Me sentía un poco mejor pq tú estabas allí. Hablábamos de que debíamos salir pronto, que todo se arreglaría, teníamos esa certeza, ya estaba casi todo listo. Juntos tenía una sensación de bienestar. Era como si hubieran pasado varios días así. Yo me sentía tranquila esa mañana en que fui hasta tu celda a buscarte. Tu compañero me dijo que habías salido ayer, que te habías ido a España. Yo no podía creerle. Me enseñó dos hojas donde había impreso un char que había tenido contigo. Yo empecé a llorar desesperadamente. Ahogándome. Gruñendo. Con espasmos. Tu compañero (que tb era amigo mío) no tenía pena de mi, parecía querer que me entere de la perrada que me habías hecho. Mientras yo leía el chat y veía tu nombre escrito allí, tu compañero me contaba que ayer habías salido, que le habías dicho que un experto había visto tu caso, que te había liberado, que podías contactarlo para que lo ayude, que te ibas a España con tu familia. Yo iba leyendo lo que le decías y no podía creerlo. De pronto, habían llegado a visitarme mis papás. Mi mamá me decía que tú habías llamado ayer. Les habías dicho que ya habías salido, que habías viajado a España, que tu abuelo estaba mal, muy grave. Yo estaba tranquila. Miré a mi madre que me contaba su conversación con mucha calma, con preocupación (de que me quede sola en la cárcel, de tu abuelo enfermo) y con alegría (de que tú ya hayas salido), y le dije: "él no tiene abuelo, murió hace años".
Habían pasado al parecer unos meses. Yo estaba como en una urbanización, con rotonda al medio, una área verde, casas, y gente transitando. Apareciste tú. Te acercaste a mí. Yo no grité, no te pegué, no hice un escándalo, no quise matarte ni nada por el estilo. Te abracé. Te escuché mientras me decías que tuviste que hacer, que de verdad tenías un abuelo enfermo. Yo solo me alteré un poco cuando te dije que habías sido una mierda, que no pensaste nisiquiera en ayudarme a salir, en la preocupación de mi madre al llamarla y a que yo me quede sola en la cárcel, no pensaste en ayudarme con el experto que te liberó. No me alteré nada cuando te dije que tu no habías pensado en nada al momento de abandonarme y que eso no te lo perdonaría nunca y que no volvería contigo, que por lo demás podrías ser amigos si querías, pero que no siguieras mintiéndome, que tú no tenías ningún abuelo ni nada de eso. Estaba tan tranquila, tan irreconocible, hasta me vi caminar contigo, cruzar la rotonda e ir a una de las casas (la casa de tu compañero de celda), a visitar a su mamá, a preguntarle si ya había salido, a darle ánimos, a decirle que saldría pronto....

2 Comentarios:

A la/s 7/12/11 7:29 a.m., Blogger  dijo...

guauu...! la cárcel es un escenario que no ha arribado aún a mis sueños.
Muy explícito, existen personas por las cuales aceptaríamos compartir la celda, de solo pensar que quizás no vuelvan a atravezar la reja...
;-)

 
A la/s 7/12/11 10:46 a.m., Anonymous sandrita dijo...

jajaja, muy cierto gá, eso es verdad
felizmente ahora mis sueños están más ligeros abrazo
un

 

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