En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

sábado, 15 de julio de 2017

César, te he escrito muchas veces: textos de amor, de dolor, de felicidad… pero en general, he escribo poco sobre ti últimamente, sobre nosotros. Es como si hubiera poco qué decir... cuando en realidad hay mucho… hay tanto… Es como si lo nuestro fuera un gerundio y estuviera siempre en tránsito, en el permanente ejercicio de ser muchas cosas: amigos, amantes, esposos, hojas que se arremolinan en el viento, polos opuestos en un pequeño ring de box, hermanos que se abrazan candorosamente… Siempre estamos siendo y llevando roles antiguos, roles nuevos o insospechados… Es poco lo que puedo escribir de ti, entonces, porque día a día la vida se me va en vivirla contigo, en la cama destendida, las llamadas por teléfono y las madrugadas de sueño y de trabajo. Día a día, minuto a minuto te llevo conmigo y te descubro en detalles mínimos, como cuando me río con tu misma risa de un chiste del que sé que te hubieras reído o cuando escucho a un tipo decir algo políticamente incorrecto y yo meneo la cabeza de un lado a otro reprochándote. Esas son cosas que a veces olvido escribir, quizá porque no son divertidas ni polémicas ni perturbadoras, es el tránsito de la vida, de nuestra vida y supongo que eso no se escribe… se vive. Te amo.

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