En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

lunes, 10 de abril de 2017

Las voces de otro tiempo...

Hice esa llamada telefónica. Escuché tu voz al otro lado del teléfono. No era como la recordaba. Es curioso: las voces de otro tiempo tienen otras tonalidades, otro cromatismo. Todo siempre es mejor en tu cabeza.
Es realmente extraño volver a escuchar a alguien después de mucho. Siempre he pensado que hay personas a las que dejas de ver durante un periodo largo, pero es posible recuperar el tiempo. No con todos es así.
Siempre digo de mí que soy una persona muy curiosa. Puedo ser muy muy empática cuando me lo propongo, de esas chicas a las que de pronto sin saber cómo les estás relatando tu vida al minuto siguiente de conocerlas y terminas diciendo: "No sé porque te estoy diciendo todo esto, nunca se lo había dicho a nadie". Siempre terminan relatándome problemas o secretos. Pero he pasado por un largo periodo en el que no he querido conocer a nadie. He preferido estar sola, almorzar sola, andar sola... Pero cuando me lo propongo puedo ser el alma de la fiesta.
No sé si eso viene a cuenta, pero recuerdo que hace muchos años caminando por uno de los distritos coloniales de Lima, cuando yo no tenía estos cojudos dilemas de ser empática o no, nos hicimos amigos e intercambiamos algunas confesiones. Creo que por entonces yo fumaba Hamilton y tú cuidabas de que mi humo no cruzara en tu camino. Fue una noche bonita, a la que le vinieron días bonitos y años de charlas que siempre hablaban de ese día.
Ah, las voces de otro tiempo siempre suenan mejor en nuestras cabezas, eso me queda claro.

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