En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Quiero pedirte permiso para escribir nuestra historia. Sé que no es relevante, digo tener tu permiso, es casi un escrito retórico, porque no estoy mandándote un mensaje a tu bandeja de correo o a tu Facebook donde expresamente te pida por favor que me dejes escribir de nosotros. Eso no lo haría, hace mucho tiempo creo que ya tuvimos una discusión parecida y llegamos a la conclusión de que yo podía escribir de lo que quisiera. Esos son los peligros de meterte con una escritora (o con alguien que trata de serlo). Claro que ese fue un permiso de doble vía, tú también puedes escribir sobre mí, aunque no creo que te interese hacerlo.
Quiero escribir de esto porque aunque han pasado entre nosotros (y más en mí) miles de "aunques" desde entonces aún hay momentos en que te llevo a flor de piel. Suena una locura, lo sé, pero nunca ha dejado de estar en discusión que yo soy un poco loca. Así que ahora me toca escribir sobre ti, de nuevo, una vez más, autoimpuestamente, hermosamente, locamente, como todas las nostalgias de añorar eso que nunca jamás sucedió. No me odies, piensa en mí de vez en cuando, yo también soy una especie en extinción.

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