En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

miércoles, 18 de enero de 2017

6 meses después

Te escribo mientras duermes a mi lado, ahora sin roncar, y eres el bultito caliente que respira con fuerza pegado a la pared. Me gusta la curvatura de tus ojos cerrados y la hendidura de tus pestañas, naturalmente rizada. Me gusta coger tu brazo por las noches, dormida, cuando tengo un mal sueño y un poco de miedo o cuando me despierto de madrugada. Ya no me da temor volver a dormir porque tu estás allí, como una pequeña máquina de arrullos, un brazo al que aferrarse como una metáfora antipesadillas.
Te escribo mientras duermes a mi lado, tu espalda contra mi brazo, tu calor llegando a mi cuerpo, tus ronquidos breves como pequeños arrullos, tu aguante frente al televisor prendido, al tecleo de la máquina y a mis terrores nocturnos.Es bonito dormir contigo.

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