En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cómo paso el tiempo

A veces empleo el tiempo en tareas inútiles (o poco útiles para el presente, como se quiera ver). Escucho de un colegio nuevo y leo todo acerca de él en internet: modelo pedagógico, si hay programas de arte, forma de enseñar la religión. Busco colegio para los hijos que aun no tengo y quizá no tenga en algún tiempo (no demasiado). Ahora he empezado a buscar nidos (no departamentos o casas, que es lo que debería), sino nidos y colegios para seres de luz que aún viven en el espacio, esperando. Paso mi tiempo en proyectos que pueden parecer inútiles. Ampliando los conocimientos sobre una nueva noticia científica (no leo sobre si el azúcar hace mal o sobre si ya no es bueno tomar leche, eso no me interesa): leo sobre si el camino para la cura hacia el cáncer está cerca, sobre las enfermedades huérfanas. Investigo sobre crímenes: los pasionales me fascinan. Y si encuentro una noticia o documental sobre la Shoá me puedo pasar horas, leo y releo la información en internet. A veces pienso qué estarás haciendo. ¿En qué emplearas tus horas muertas? ¿Qué disco estarás escuchando ahora? Antes, cuando era más chica, escribía historias en mi mente. Sobre ti. Sobre mí. Sobre nosotros. Sobre personajes y podía pasar horas así. Escribiendo en mi cabeza en el micro, en la ducha, en el baño, tirada en mi cama mirando el techo. Ahora me desvelo pensando en colegios para los niños que aun no tengo, creo que eso por lo menos es un avance.

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