En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

sábado, 20 de febrero de 2010

Hace dos semanas vi nacer una alpaca. Nació y se paró rápidamente. Tenía la lana hecha copos y sin brillo. La alpaca trastabilló, tenía las patas chuecas. Casi una hora después ya estaba parada derechita al lado de su mamá. En la tarde, estaba tirada en el piso durmiendo, y un rato después comía con todo el grupo de alpacas. Regresé a verla de nuevo una semana después. La lana se le había puesto hermosa, era como si se hubiese desprendido un poco y la alpaquita se veía elegante. Es color caramelo. Corría y estaba parada perfectamente sobre sus cuatro patas. Todo este asunto me hizo pensar mucho. Yo también quisiera haber nacido parada, haber corrido rápidamente, y solo haber sido enclenque unos minutos. Pero aprender a caminar te cuesta tanto, valerte por ti mismo cuesta más y aprender a cuidarse es todo un arte.
Muchas cosas que han venido pasando me han hecho pensar en mi vida. En los últimos 10 años.
El otro día compré mi Trome (ya les he hablado largamente de mi fascinación por las noticias policiales) y empecé a sentirme un poco enferma. Creo que la catarsis para mi ha terminado. Creo que soy libre. Quizá tengo que dejarme convercer por las comedias románticas y empezar a decir las palabras que nunca digo. Creo que ya puedo dejar un poco de lado los policiales.
Me ha costado mucho sentirme en armonía. Es uno de esos momentos en los que puedo tirarme en la cama y estar tranquila y poder decir que no le debo nada a nadie, y nadie me debe nada a mi: ni plata ni amor. Mi cuenta está en blanco.
Quizá tenga que ver con el nuevo depa, el nuevo trabajo, que han hecho que mi depresión se vaya y mi vida esté llena de dinamismo. Quizá tiene que ver con que siento que me aman, con mi novio que es de esas pocas y rarísimas personas que bajo cualquier circunstancia siempre quiere quedarse conmigo (aunque nos hayamos dicho la vela verde, aunque no sepa, aunque lo bote, aunque alguna vez haya querido irse). Quizá solo tiene que ver conmigo y con el hecho de haber podido borrar todo lo que no permitía avanzar. Quizá solo me he atrevido a ser feliz, sin miedo, que para mi ya es bastante decir.
Iré a ver a la alpaquita la próxima semana, ya les contaré.

2 Comentarios:

A la/s 22/2/10 12:54 a.m., Blogger enrique dijo...

maravilloso!!! a disfrutar, a sentir esa paz!!!! me encanta!!

besos,
e.

 
A la/s 25/2/10 6:19 p.m., Blogger Pompas de jabón dijo...

Cuantos de nosotros siempre queremos correr, pero como dice el refran: el que mucho abarca poco aprieta. Además si esa alpaquita hubiese estado en libertad, hubiese tenido que enfrentar todos los temores del mundo incluido los peligros y los animales que se alimentan de ellos. Todo un mundo vivir..más aún aprender a vivir...TODO UN LIO!! Si lo sabremos.
Un fuerte abrazo.

 

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