En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

viernes, 31 de enero de 2014

Los dolores de cabeza de las 5 de la tarde

Todos los días a las 5 de la tarde me duele la cabeza. Es como si tuviera un reloj para los infortunios. El calor, el stress, no sé, pero los dolores son continuos y casi programados.
Me inicia un dolorcillo a los costados, en las sienes, como un breve y pequeño latido, una pesadez, y luego se desencadena. No es insoportable, no es grande, no es de esas migrañas que te tumba a la cama y te obliga a guardar reposa y apagar la luz. Quizá eso es lo que más me jode: que es un dolor pequeño y estúpido pero repetitivo y peremne. Odio los pequeños dolores, que te joden el día, que no te dejan hacer nada con tranquilidad. Es una paradoja, quizá una tontería pero prefiero los grandes: esos que te obligan a guardar reposo, a  no hacer nada. Con un dolor pequeño, como este, siento que no es lo suficientemente fuerte para abandonarlo todo y ponerme a dormir, me daría culpa dejarlo todo por un dolor tonto, pero igual molesta, igual fastidia, igual duele y no te permite hacer las cosas que te gustan con pasión y felicidad. Espero que no se me siga rompiendo la cabeza.

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