Los guantes rosados de mi suegra
Hoy me he puesto por primera vez los guantes rosados que me regaló mi suegra. Me siento muy abrigada, son lo mejor para este frío. Me siento abrigada y contenta. Así es como me he sentido en todos estos años que la conozco, con todas las cosas bonitas que hemos pasado, en las borracheras, las reuniones familiares, con todo su cariño y su buena onda.
Abrigada y contenta... como en todo este tiempo cuando me ha hablado como una madre; no como mi madre, sino universalmente como una madre, dándome los mejores consejos para mí (aun en contra de su hijo), hablándome con franqueza pero sin reproche. Y todo eso ha sido tan bonito... tanto que no puedo dejar de recordarlo mientras me abrigo con estos guantes rosados que me protegen de la lluvia.
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