En una jaula de cristal

Siempre he querido escribir un diario, pero con un afán voyeurista. A pesar de ser reservada creo que cuando hay un incendio es bueno echarle un gran chorro de agua, por eso escribo esto como letras arrojadas al viento desde una urna transparente.

jueves, 15 de febrero de 2018

Rencor

A todos los que, alguna vez,
Me abandonaron:
Dios los ilumine con la luz
Que cubre lo perdido (...)

Luis Hernández

Tengo cierto rencor que nunca me he podido quitar. En muchas otras cosas de la vida me he vuelto zen. Pocas acciones me afectan, vivo sin tomarme lo que ocurra como algo personal. Creo que así soy más feliz. Pero no he podido sacarme la espina en el corazón de aquellos amigos que alguna vez me abandonaron, a los que les di mi corazón y me sacaron de sus vidas como quien se limpia una legaña maligna de la cavidad ocular. A esos que alguna vez me abandonaron y yo quise no puedo dejar de tenerles cierto rencor, cierta mala leche, ciertas ganas malsanas de les vaya un poco mal. No quiero ser así, quisiera desearles alas y buen viento como he hecho tantas veces con tantas personas. Pero a ellos (a ellas) no puedo hacerlo... Quisiera sacar esa mala vibra de mi corazón, decir como Piaf que todo ha sido barrido, olvidado y aunque muchas veces durante todos estos años he pensado que así ha sido, en realidad no es así. Secretamente sigo siendo un poco mala y esperando que les salga una arruga de más, que pisen un poquito en falso... No sé... siempre he pensado que los sentimiento negativos atan tanto como el amor y así es que yo me encuentro liada y entreverada con esta especie de rencor bobo, absurdo. Estoy segura de que si me hubieran hecho algo grave, si hubiera alguna acción concreta a la que pudiera achacar mi rencor sería más fácil. Sin embargo, no hay nada qué decir, no pasó nada terrible entre nosotros, solo me abandonaron, nada más... Dejaron de llamarme, de buscarme, de contestarme, de quererme... y aquí estoy yo de nuevo con mi rollo del abandono... Eso no lo perdono. Mejor dicho: esos antiguos abandonos no los perdono; los nuevos, los tengo medio controlados. Quisera en verdad, en verdad, decir de corazón: "Dios los ilumine con la luz / Que cubre lo perdido", pero mi corazón -aun- no puede desearles luz, ojalá pronto pueda.

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